JAVIER
NEIRA
Hay que salvar a El Musel. Vamos, las obras, en veremos, de ampliación del gran puerto asturiano, atacado de enormes sobrecostes hasta 135 millones de euros, algo así como el equivalente a 84 sedes como la que se construyó el presidente Vicente Álvarez Areces en la Laboral sin que nadie dijese ni pío.
Siempre hay sobrecostes, incluso mayores que éste, gigantesco, que nos ocupa. Lo que ocurre es que se gestionó mal la sobreayuda europea y ahora todo se puede perder. ¿Por qué se gestionó mal? Supongo que por torpeza. Ay, siempre seré un ingenuo incorregible.
Para evitar el desastre, las administraciones implicadas -todas socialistas, oiga- intentan un complicado juego de trueques de manera que, de momento, el dinero tendrá que salir de otro sitio. No me imagino que se lo vayan a restar a Cataluña ni a Andalucía ni a Extremadura ni... imposible quitarle algo a Madrid, porque hace tiempo que esa comunidad no recibe nada -por fachas, que se aguanten-, así que saldrá de Asturias. Y, claro, en este solar de nuestros pecados, Oviedo tiene todas las papeletas. Claro que bien mirado, a Oviedo nada le pueden quitar porque hace siglos que nada recibe y, encima, venga expolios, así que como no nos vendan como esclavos a dos o tres mil carbayones no sé de dónde van a sacar los 135 millones de euros de marras.
Así las cosas, insisto en la tesis inicial: hay que ayudar a El Musel, pero no a costa de acabar en un mercado persa, y, en todo caso, alguien debe pagar siquiera políticamente los platos rotos. ¿Areces y Paz Fernández Felgueroso, que tienen mayoría en la Autoridad Portuaria? Ya me veo cargado de cadenas y en pública subasta.