|
|
|
HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
|
Por orígenes, procedencia y hasta biografía, el leonés Rodríguez Zapatero es el presidente del Gobierno de mayor afinidad con Asturias. También el único en la historia de la democracia que jamás contó con asturianos para cargos de máxima responsabilidad en sus gabinetes. Ahora, acaba de incorporar como secretario de Estado de Economía al ovetense José Manuel Campa. En la mayor crisis desde la II Guerra Mundial y en medio de una brutal caída del producto interior bruto (PIB) español, nunca vista en 40 años, a Campa se le encomienda, nada más y nada menos, que frenar el devastador galope del desempleo y buscar otros pilares para el crecimiento económico. Por fin el Ejecutivo habla de abordar cambios estructurales para salir del agujero y recurre a un cualificado profesional para marcar el rumbo. Más vale tarde que nunca.
El mismo José Manuel Campa firmó hace un mes, antes de ser elegido para el cargo, un manifiesto en el que defendía una reforma del mercado laboral para eliminar los empleos temporales y crear un único contrato indefinido, con cambios en las indemnizaciones por despido. Campa, ya investido secretario de Estado, sigue sintiéndose «cómodo» con esa propuesta, como volvió a dejar claro esta semana, a pesar de que los sindicatos ya le mostraron los cañones.
Una cosa es hacer análisis técnicos y otra distinta gobernar. Es cierto que, por su trayectoria, las posiciones del nuevo secretario de Estado asturiano distan mucho de los lugares comunes habituales en el discurso partidista. También, que la política tiene sus esclavitudes, y éstas a veces dejan escaso margen de maniobra. Que Campa intente ser coherente desde el primer minuto al defender lo que piensa sobre el empleo, aunque resulte políticamente incorrecto, es una prueba de su independencia.
Desde luego, ésa es una de las características más llamativas de su nombramiento. Campa no es un hombre de partido. Casi siempre lamentamos que los mejores se alejen de la actividad pública. El caso del economista ovetense resulta una excepción. Criterio y conocimientos, refrendados en foros internacionales, no le faltan. Ganas de implicarse, tampoco. La vicepresidenta Elena Salgado desveló que aceptó el cargo tras una larga reunión en la que al final le dijo: «Estaré orgulloso de servir a mi país».
José Manuel Campa tiene una sólida formación teórica. Su paso por la Universidad estadounidense de Harvard le acercó a la cultura anglosajona, donde lo que cuentan son los resultados y la confianza en las propias fuerzas para salir adelante. Pese a ser un estudioso de la economía, el mundo de la empresa no le es ajeno. Desde la escuela de negocios del IESE en Madrid, ha promovido debates con los grandes empresarios de todo el mundo y ha discutido con ellos problemas y soluciones. Y, en fin, él mismo participaba en consejos de administración de empresas en las que tiene participaciones accionariales.
La crisis pone a prueba a los líderes de verdad. Esperar a que el transcurrir del tiempo disipe los negros nubarrones -tal parece que ésa fue hasta ahora la posición del Gobierno- no es una estrategia eficaz. Tampoco culpar de todo a la coyuntura internacional. España, como si su economía fuese de cristal, con menor caída del PIB que cualquiera de los países desarrollados, tiene el doble de paro. Sorprende que el ministro Sebastián reconozca que la economía española lleva diez años de «importantes desequilibrios». ¿Y por qué nadie hizo nada hasta ahora? ¿Por qué, aunque el barco se hundía, la orquesta no dejaba de tocar y la gente seguía bailando como si nada?
Zapatero sintetizó en un mitin reciente a qué se refiere cuando habla de cambiar de modelo económico, uno de los retos que tendrá Campa. «Menos ladrillos y más ordenadores», afirmó el Presidente. Pero un nuevo modelo productivo no se crea por decreto ni se compra en la tienda de la esquina. Ningún Gobierno lo impone por más que intente determinar sectores sobre los que volcar una tonelada de millones en ayudas. Son los agentes sociales los que elegirán qué actividades reactivarán la economía, y muchas veces sin inventar nada: mejorando la eficiencia de las que ya existen. El papel de la buena Administración, y nunca menor, debe limitarse a no interferir y despejar de estorbos el camino. En esa clave está el nuevo secretario de Estado. Es un hombre que vive la empresa porque creció en ese ambiente. Su familia regenta desde hace muchos años conocidos negocios en Oviedo. Reúne, por tanto, una tradición de emprendedores y una experiencia desde las que puede aportar sensatez a este Gobierno.
José Manuel Campa dijo en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA que «en Asturias hay dinamismo, pero se invierte el 90 por ciento del debate en hablar de lo que no es relevante». La reflexión es perfecta para este momento y para España. Subvencionar la compra de ordenadores o coches es irrelevante. Es luchar contra el síntoma, pero no identificar el mal. En vez de buscar desesperadamente brotes verdes para inducir al optimismo, hay que ir directos a la raíz del problema. Lo mismo pensaba desde la barrera Campa. Ahora, en medio de la arena y usando esas dotes para la docencia que le valieron el reconocimiento como mejor profesor en algunos de los centros de Nueva York en los que impartió clases, le toca convencer de ello a sus compañeros del Gobierno.
| CONÓZCANOS: CONTACTO | LA NUEVA ESPAÑA | CLUB PRENSA ASTURIANA | PUNTOS DE VENTA | PROMOCIONES | PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR |
|
|
|||||||