JAVIER NEIRA
Una semana después, el juicio es el mismo que una hora después. Me refiero a las elecciones europeas, que, por cierto, han quedado completamente apantalladas por el fichaje de Cristiano Ronaldo, lo que empuja a suponer que Floro Pérez es del PSOE y le ha hecho el favor a ZP tapando con su súper «scoop» la noticia de la derrota socialista.
A lo que iba, una semana después sólo cabe ratificarse: el PSOE perdió, como estaba previsto -apenas un poco más de lo supuesto-, así que Rajoy se mantiene, que es lo que querían los socialistas, porque no cabe competidor más batible, entre otras cosas, porque ya lo han ganado en las dos ocasiones anteriores, y ya se sabe que no hay dos sin tres.
Las encuestas acertaron -salvo la gubernamental del CIS, cuyos rectores deberían ser acusados de prevaricación- y los planes, también. A todos les ha salido de maravilla.
Sin embargo, hay un no sé qué en el ambiente que invita a suponer que el resultado de las elecciones recién consumadas, lejos de ser pura previsibilidad y rutina, está teniendo un alcance importante y fuera de pronóstico.
Quiero decir que por primera vez en cinco años flota en el aire una impresión original: ZP está acabado.
Insisto, los resultados fueron muy buenos para sus intereses, incluida esa derrota que apuntala a un rival irremediablemente flojo, así que ha sido una victoria estratégica.
Pero como Zapatero siempre se presentó como un ser irreal, la derrota, aunque táctica, lo ha puesto con los pies en el suelo, y visto así es apenas la mitad de la mitad de la mitad de lo que parecía hace un lustro o, mejor, tratándose de semejante personaje, un plan quinquenal.
Lo que era evidente para una minoría empieza a ser luminoso, desde hace una semana, para la mayoría: toda la política de ZP es un disparate y con esta crisis, un suicidio.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la ópera «La fuerza del destino», de Verdi).