JAVIER MORÁN
No podemos determinar todavía si son pan duro o fresco los cambios que Jesús Montes Estrada, «Churruca», y la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso anuncian para el plan de Cabueñes, bautizado por el vecindario de la zona como «el muro».
Sería una hogaza de la densidad de un piedra si lo que ambos señalan es una repetición de lo que el edil de Urbanismo, el cabal Pedro Sanjurjo, expuso hace ya unos cuantos meses, algo así como rebajar una planta en los edificios en altura y redistribuir volúmenes aquí y allá.
Ahora bien, sería un panecillo blando si Felgueroso y Churruca quisieran ir más allá, esto es, arreglar el desaguisado -uno de tantos- que el PGOU de 2005 ha traído a Gijón, una ciudad caracterizada por el orden que introdujo en ella el planeamiento concebido a mediados de los años ochenta y respetado durante dos décadas.
Pero, ¡oh traición!: el panecillo blando no existe, ya que una vez señalada en el PGOU la edificabilidad de la zona, y aprobado todo ello por el Ayuntamiento con más inconsciencia de la esperada, hay que edificar en Cabueñes un número determinado de metros cuadrados. Se los podrá poner de lado, de canto o de cúbito supino, prono o lateral, pero hay que edificarlos pues constituyen derechos adquiridos por los propietarios de suelo.
Por tanto, la edificabilidad podrá traducirse en líneas verticales o en líneas horizontales, pero esto último sería como volver a los adosados, que fueron eliminados del urbanismo gijonés cuando éste permanecía en su época más racional.
Pero, más allá de estos sucesos particulares de Cabueñes, la voluntad rectificadora del Ayuntamiento delata algo tremendo: se han dado cuenta de que este PGOU es lesivo para una parte del concejo. Ha introducido su densidad y sus avenidas en la zona rural como nunca se había hecho.
Con esta rectificación sancionada ahora por IU y la Alcaldesa podemos certificar ya que el urbanismo gijonés ha entrado en fase errabunda y será muy duro, muy duro, poder arreglarlo.