CONSUELO SÁNCHEZ-VICENTE
Ya sé que generalizar es injusto y que hay políticos muy dignos que se ganan el sueldo y merecen respeto, la mayoría de ellos según mi modesta opinión; pero la política de diseño al uso, que lanza eslóganes en lugar de discursos y hace primar la propaganda sobre la ideología, ha convertido a la clase política en general en una casta egoísta y autista, y a la dirigencia partidaria, en títeres de los expertos en marketing de sus respectivas formaciones políticas; y así van (en general, repito), como ovejas -o como loros- hasta donde el monocultivo estratégico de obtener/conservar el poder les marca, sea un destino razonable o el borde mismo de la sinrazón, asomándose a cuanto precipicio les señalan las encuestas sin el menor vértigo o precipitándose sin despeinarse en ellos. Las últimas elecciones, desde mi punto de vista, no han sido las peores de la democracia como dicen algunos, sino sólo otras «peores» más.
Rajoy ha ganado y Zapatero ha perdido, rezan los titulares, y así ha sido literalmente, el juego ha sido entre ellos, entre los representantes, con ellos como protagonistas: del público presente en las gradas, de los presuntamente representados, la política de diseño sólo necesita el aplauso, como en todo espectáculo, por cierto. Sobre el escenario poselectoral no están los problemas del país ni de la gente, sino el ganador, agrandando su mérito, y el perdedor, tratando de minimizarlo. Desilusión, desafección, soledad, hastío, ¿cuál es la palabra que mejor refleja el alejamiento creciente de las urnas de tantos...? Yo creo que una mezcla de ésas y otras. Con los políticos entendidos así, como casta, los ciudadanos empezamos a estar hechos a casi todo: insultos, dislates, incongruencias... Pero sobre todo a que lo que más importa a los ciudadanos sea la última de sus preocupaciones
Más que para buscar y encontrar soluciones creíbles a los problemas reales de la gente, la casta política parece que trabaja para el formato de los telediarios, frases, cortes, totales que encajen bien en la tele, aunque no digan nada, en vez de pensamientos completos, argumentos, ideas, propuestas razonadas. Propaganda en vez de compromisos. Y lo que no sea popular, al cajón, aunque se hunda el mundo. Yo pienso que esta forma de hacer política es una pena, la democracia no es eso, y no hay recambio, todos los demás sistemas políticos son peores y algunos, además, deleznables. Con campañas tan sucias como la que acabamos de vivir, de desgaste del adversario y olvido del bien común, lo que se hace es alejar a la mayoría no radicalizada de las urnas. Pero, por desgracia, es lo que busca el marketing del «todo por el voto» para que siga la fiesta.