A mi aire

Salirse del cauce

n Las protestas laborales al margen de los sindicatos mayoritarios

 
Salirse del cauce
Salirse del cauce  

JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ Salirse del cauce, justamente eso es lo que comienza a suceder en infinidad de cosas que en nuestro día a día daban la impresión de que necesariamente deberían estar perfectamente cuadriculadas. La manifestación de trabajadores por su cuenta, en defensa de sus derechos, cansados de la burocracia estéril, o el silencio de los corderos, de unas centrales sindicales que con lo que está lloviendo siguen anquilosadas en el papel de la voz de su amo, lógicamente porque a ellas les va de cine, resulta todo un síntoma. La activa abstención en las elecciones europeas debería ser toque de atención para la clase política, dado que hasta el más lego puede observar el cansancio de los ciudadanos, que cada vez con más frecuencia vuelven la espalda a todo el tinglado, hastiados de tantas corruptelas, enchufismo, olvido de sus promesas, que despachan con un si te vi, no me acuerdo, salvo cada cuatro años. Obviamente, algo se comienza a mover, cuando las buenas gentes no encuentran otra salida que dejar a un lado los cauces tradicionalmente establecidos para reivindicar sus puestos de trabajo, la mejora de sus pueblos o, simplemente, luchar contra las injusticias y atropellos que constantemente padecen. Aunque sepan de antemano que su lucha, en la mayoría de los casos, va a resultar estéril. Los que tienen la «sartén por el mangu» utilizan a menudo lo de hoy por ti, y mañana por mí, con independencia de los intereses creados. Sin comentarios. Me hace gracia que algunos de los partidos con mando en plaza tengan la caradura de criticar o censurar estos movimientos. ¡Coño! Qué quieren que hagan si no les queda otro remedio. Lo quieren tener todo controlado y que la gente no se desvíe un solo milímetro de la ruta que ellos marcan. Entiendo que estos primeros pasos de colectivos con diversos problemas son una estupenda noticia. Me gustaría que no resultase algo anecdótico, porque cuando comiencen a verle las orejas al lobo, seguramente entrarán en razón. Varios pueblos del entorno se van agrupando dejando a un lado colores o emblemas, para reclamar la justeza de equipararse con los cascos urbanos, cansados de ir por el buen camino de solicitar, rogar o mendigar, y ni tan siquiera ser recibidos por quien tiene obligación de hacerlo. Como también puede ser otra salida del cauce los movimientos que se observan en distintos lugares para conformar grupos independientes con vistas a próximas elecciones, cansados de la dictadura de las siglas y nula pluralidad, en las que no queda otro remedio que decir sí o sí. Hay algunas otras cosas más en este sentido, pero al final la percepción es que algo se mueve fuera de los controladores del cauce, mínimo y lento, pero por algo se empieza. Nada, que lo tomen a cachondeo, conocido resulta el refrán de que «a tolos gochos yos llega su sanmartín». Nun digo ná.

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