ALBERT CANO
Zapatero tiene razón cuando afirma, con cierta soberbia (¿y el talante?), que para llegar a la Moncloa hay que ganar en la Carrera de San Jerónimo. Pero la clara (aunque no contundente) derrota socialista en las europeas es un aviso de que no tendrá fácil aguantar hasta el final de la legislatura, en marzo de 2012.
Es mucho tiempo y los problemas se acumulan. ZP afronta los Presupuestos para 2010 sin apoyos estables; con la cuestión catalana sin resolver (no hay sentencia del Constitucional sobre el Estatut, tres años después de su aprobación, y la financiación amenaza con aplazarse indefinidamente, si no hay acuerdo antes del 15 de julio) y, sobre todo, con una crisis especialmente virulenta para España. Pese a los brotes verdes de la vicepresidenta Salgado, analistas internos y externos apuntan a que el crecimiento no volverá este año, ni el que viene? y ya veremos si en 2011.
En cambio, poco podía pensar Rajoy hace un año, tras el congreso que le ratificó al frente del PP, que su situación sería tan cómoda. Tras la primera victoria importante del PP desde 2000 (ganó las municipales de 2007, pero por poco margen), se consolida hasta las próximas generales; los casos de corrupción de Madrid y Valencia han maniatado a los aspirantes a sucederle (Aguirre o Camps), sin causarle daño electoral; y, por si fuera poco, los que le acusaban de blando en su estrategia opositora contra ZP dejarán de predicar en las ondas episcopales (Jiménez Losantos).
Además, Rajoy no tiene prisa. Ante los que quieren incitarle a una moción de censura o a forzar elecciones anticipadas, el líder gallego debe pensar que no es bueno heredar un país en franco deterioro económico? que irá laminando, poco a poco, a ZP. Es descarnado y poco patriótico, pero es lo que dan de sí nuestros líderes.