LADISLAO DE ARRIBA
La prueba más fehaciente de lo mucho que está cambiando el mundo está en cómo se ha venido abajo aquello de «lo que es bueno para la General Motors, lo es para Estados Unidos». Esta frase fue ocurrencia de algún «listo» de los años cincuenta, cuando la G. M. llevaba fabricados millones de vehículos para los ejércitos aliados en Europa, África, Asia y Oceanía.
Pero, el hombre propone y Sharon Stone. Vino la crisis del petróleo y comenzó el despertar de la industria automovilística japonesa. Se acabó el «plan Marshall» para los europeos y estos comenzaron a comprar los coches de menor tamaño y menos consumo que ofrecían los nipones.
No se puede ser dogmático. Quien creó la frase se la tiene que tragar y volverla al revés. Lo que sea bueno para Estados Unidos salvará a la General Motors.
Obama ha tenido que nacionalizar la empresa, para evitar el paro de casi un millón de trabajadores.
Ya nada es como fuera otrora. Ni la mayor industria automovilista del mundo es como antaño, ni los Estados Unidos de América son igual que fueron en otro tiempo.
Nosotros parece que seguimos igual que siempre: esperando que caiga del cielo aquel alimento sobrenatural que Dios envió a los israelitas cuando peregrinaban desde Egipto a la Tierra Prometida.
Y, en Asturias aguardando que llegue el turismo salvador a arreglar nuestros males. Pero no un turismo de mochila, alpargatas y bocadillos. De yates prodigiosos, pescadores de salmón, jugadores de golf y degustadores gastronómadas de primer orden.