F. JAVIER BELZUNCE
CATEDRÁTICO DE CIENCIA DE LOS MATERIALES
La Universidad de Oviedo está actualmente inmersa en el proceso de modificación de sus titulaciones para adaptarlas al marco de Bolonia (Espacio Europeo de Educación Superior). Se ha escuchado reiteradamente que esta adaptación facilitará la movilidad de nuestros graduados en el ámbito europeo. Sin duda es cierto, pero no es menos cierto que, ya en la actualidad, nuestros alumnos pueden cursar un curso académico completo en numerosas universidades europeas y esos estudios les son automáticamente reconocidos y, además, nuestros actuales graduados están ya siendo contratados en otros países sin mayores problemas.
Otro aspecto a mi modo de ver más importante de la adaptación en curso es el cambio del método de enseñanza, que deberá estar más centrado en el proceso de aprendizaje del estudiante y que requerirá una participación más activa de éste, para realizar un trabajo continuado, bien definido, cuantificado en la adquisición de unas competencias fácilmente evaluables. Sin embargo, llevar a cabo este cambio en toda su extensión implicaría trabajar con grupos de alumnos reducidos y una atención mucho más personalizada, que se traduciría en una dedicación del profesorado a sus tareas docentes apreciablemente mayor que la que ahora está ejerciendo y, por lo tanto, si no se cree conveniente reducir la actividad investigadora del profesorado universitario, exigiría incrementar significativamente el número de profesores de la Universidad. Como el Principado no parece estar dispuesto a abordar este gasto añadido y mucho menos en la actualidad, en plena crisis económica (me temo además que aproximadamente lo mismo ocurrirá en el resto de las comunidades autónomas), este aspecto del denominado «plan Bolonia» solo será posible acometerlo de manera muy parcial.
De cualquier modo, la reforma de un plan de estudios constituye siempre una buena oportunidad para revisar críticamente las materias (asignaturas) del mismo y, más importante aún, los contenidos de las mismas, para traducirlos en competencias profesionales, con objeto de que los nuevos ingenieros tengan la mejor formación posible en sus respectivos campos de especialización, adquieran unos conocimientos útiles, que satisfagan las necesidades de las empresas actuales y, finalmente, sean capaces de integrarse en el menor lapso de tiempo posible en los departamentos técnicos de nuestras empresas. En este contexto cabe plantearse las preguntas siguientes: ¿los nuevos planes de estudios de Ingeniería de la Universidad de Oviedo se están diseñando bajo estas bases?, ¿los futuros graduados en ingeniería responden a las necesidades reales de nuestras empresas? Aunque nuestras autoridades universitarias confíen ciegamente en el buen hacer de sus profesores, que por supuesto son especialistas en sus respectivas disciplinas, siendo como son los ciudadanos los que hacen frente con sus impuestos a los costes universitarios y nuestras empresas las que finalmente se beneficiarán de la formación de estos graduados y se lamentarán de sus deficiencias, ¿no sería deseable ejercer un cierto control externo sobre este proceso con objeto de que la formación de nuestros graduados fuera la mejor y más idónea posible?