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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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CARMEN NUEVO Mano negra» no es una expresión políticamente incorrecta. A nadie le pasa inadvertido que se utiliza de forma coloquial, y así quiero emplearla yo: como símbolo o connotación. Puede hablarse de «mano negra» cuando nos referimos, por ejemplo, a una fuerza oscura, a un poder fáctico ajeno al poder reconocido y oficial, al que en numerosas ocasiones, sin embargo, doblega.
Algo se escapa a nuestra capacidad de comprensión, pero sucede e impera en un estado de cosas aparentemente ordenado. Por eso aún nuestra capacidad de sorpresa, cuando leemos en la prensa -no de forma explícita, claro, pero sí contrastando información y sacando coherentes conclusiones- que un gran número de los que se oponen a la implantación de las sesenta y cinco horas semanales son muy probablemente los que realizan, sin cortarse un pelo, millones de horas extra en las grandes empresas, evitando la creación de miles de puestos de trabajo en un país, el nuestro, en el que superamos ya holgadamente los cuatro millones de parados.
Con estos auspicios, ni ZP ni Rajoy ni el que asó la manteca van a lograr aniquilar esta crisis.
Honestidad. Honestidad con mayúsculas, reflexión y, sobre todo, espíritu crítico y valentía es lo que se precisa para enfrentarse y desenmascarar a la mano negra, que implantada como un tumor en nuestra sociedad amenaza ya con convertirse en mortal metástasis.
Claro está, deberíamos ser mínimamente comprensivos y magnánimos con la panda de demagogos, lameculos, traidores y semiliberados de turno y plantearnos: ¿cómo si les suprimimos las horas extra y demás prebendas, podrán pagar los plazos de la Play Station, el «home cinema», el mp3 y el mp4, la wi-fi, el Smart Phones y los «gepeeses»? ¿Cómo podrán pagar el crucero con gripe A incluida y luego fardar en el curre de que a ellos, de cuarentena, nada? ¡Faltaría!
Sea como fuere, no seamos tan condescendientes, que siempre les quedará Second Life para acribillar al prójimo o manipular avatares (representaciones gráficas, generalmente humanas, que se asocian a un usuario) con sus manidas consignas que ya, ni siquiera, se las cree el Tato.
Ustedes, ante estos hechos, hagan lo que estimen conveniente, yo, por mi parte, me rebelaré en estas algo menos de cincuenta palabras restantes, afirmando mi identidad, si quieren, poco original y trasnochada, que no podrán encontrar en ningún Facebook -no se esfuercen-, sentándome bajo la sombra de un viejo roble, no hendido por el rayo ni podrido, meditando...
Lo merezco.
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