El CNI

n Lo más lamentable es que hayan salido a la luz pública las discrepancias internas en los servicios secretos

 
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CHARO ZARZALEJOS El Estado es una especie de red. Gobierno, Parlamento, tribunales, ayuntamientos, autonomías. Todos juntos conforman el Estado, pero si dentro de esta red hay un eslabón especialmente importante y sensible, éste es el que acoge, el que sujeta a los servicios de inteligencia; es decir, a los servicios secretos, que tienen que serlo si quieren actuar con eficacia.


Malo, muy malo es que los servicios secretos, o sea, el CNI, ocupen páginas de periódicos y estén presentes en los informativos y tertulias; pero la situación se agrava cuando se van conociendo actuaciones y detalles que resultan bochornosos. Tan bochornosos, tan insostenibles, que su director, Alberto Saiz, ha presentado su dimisión o le han dicho que se vaya. Da igual. Lo urgente era acabar con la imagen dada en las últimas jornadas y que Saiz no logró reparar en su comparecencia en el Congreso.


De todo lo sabido, sin duda lo más lamentable, lo más grave para un organismo especialmente sensible en el entramado estatal, es que hayan salido a la luz las discrepancias internas, que se haya sabido y no desmentido que se utilizó el polígrafo para averiguar qué agentes se estaban yendo de la lengua. El CNI, además de ser discreto, tiene que ser una balsa de aceite en donde los equipos se entiendan con la mirada, en donde la autoridad no se discuta, en donde no quepa ni por un segundo una pizca de frivolidad.


Lo que ocurra en el CNI tiene efectos domésticos, pero su relevancia trasciende nuestras fronteras. Los servicios secretos de todo el mundo están en permanente contacto. Todos reciben de inmediato noticias de todos y éstos a su vez las sirven a todas las cancillerías. Una parte importante del prestigio auténtico de un país está en el buen funcionamiento de sus servicios de inteligencia y el que esté al frente de ellos tiene la obligación especial de saber estar.


La ministra de Defensa estuvo diligente al instar una investigación interna y el Presidente ya dejó ver el escaso entusiasmo que le producía la situación cuando dijo aquello de que «mientras esté en el cargo, tiene la confianza del Gobierno». Ni un adjetivo de apoyo, ni un gesto de defensa. La cuenta atrás de Saiz comenzó en ese mismo momento.


El sustituto de Saiz es un militar de larga experiencia, el general Félix Sanz Roldán. Hombre discreto donde los haya, culto, con idiomas y experiencia internacional. Es el hombre de confianza de Carme Chacón y «auxiliador» del Presidente en alguna peripecia internacional. En realidad, la ministra de Defensa ha hecho ahora lo que quiso hacer desde el mismo momento en el que tomó posesión, y en esta ocasión sin sorpresas desagradables, como las que vivió tras el anuncio de la retirada de tropas de Kosovo.

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