Cantonalismo financiero

n Los desatinos de la financiación autonómica

 
Cantonalismo financiero
Cantonalismo financiero  

LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES Alcalá-Zamora en las memorias que rehizo en la Argentina confesaba que uno de los principales convencimientos con que arrancó el nuevo Estado que se proclamó el 14 de abril del 31 era evitar a toda costa que volviera a reproducirse el cantonalismo de la I República. Pues bien, casi 80 años después de aquellos días consignados por don Niceto, este país, asiste, entre atónito e inquieto, al espectáculo de una suerte de cantonalismo financiero, que escenifica un ceremonial rastrero e irresponsable y que pone de relieve, además, la existencia de una clase política chabacana y, en el peor sentido de la palabra, profesionalizada, a la que, de momento, la ciudadanía no rechaza del modo contundente que cabría esperar dados sus merecimientos.


¿Cómo se puede hablar de desafío al Estado desde la corresponsabilidad de Gobierno en la Generalitat de Cataluña que forma parte nada insoslayable e insignificante de ese mismo Estado? ¿Cómo se puede atacar desde algunos medios y desde gobiernos autonómicos al pueblo catalán en su conjunto, tildándolo, poco menos, que de avaro e insolidario? ¿Así piensan vertebrar España, fomentando las rivalidades entre sus territorios del modo más pueblerino y miserable que imaginarse cabe? ¿Tan difícil recordatorio supone que esta nueva financiación es consecuencia, entre otras, del nuevo Estatuto catalán que tuvo como respuesta una enorme abstención por parte de su electorado? ¿Por qué no se tiene en cuenta que, mucho antes de que esto ocurriese, Navarra y el País Vasco vienen gozando de privilegios en la financiación estatal y nadie se rasgó hasta el momento las vestiduras por ello?


Luego está el baile de cifras, mareante a decir verdad, que no acaban de cuadrar. El principio de que cada autonomía reciba del Estado unas cantidades que garanticen los derechos que esta Inmaculada Constitución monárquica consagra parece plausible. Pero luego viene la cocción con sus menguas: que no cuesta lo mismo la Sanidad por ciudadanos en todos los territorios, dadas las variables de dispersión, de media de edad, etc. Entonces, cada cual da la interpretación que mejor se acomoda a un discurso que es apriorístico por definición.


Si se vuelve a esgrimir que el nuevo Estatuto catalán implicaba otro nuevo pacto financiero para todo el Estado, ¿no hubiera sido más razonable reformar antes la Constitución? ¿Puede haber una situación más chapucera que la presente: a saber, aprobar una nueva financiación en no pequeña parte consecuencia de un Estatuto de Autonomía que no sólo despertó una mínima respuesta en su ciudadanía como antes dijimos, sino que, para mayor baldón, está pendiente de una resolución de Tribunal Constitucional que aún no se ha dictado, aunque estemos asistiendo al espectáculo de las filtraciones en la prensa?


Por otra parte, ¿no ha sido bochornosa la escenificación de todo esto, dando la impresión de que la cosa se resolvió a partir de haberse llegado a un acuerdo con los representantes del tripartito catalán? Vuelvo a repetir: siento respeto y admiración por Cataluña, y me subleva, como vengo diciendo, el anticatalanismo. Ahora bien, es de Perogrullo sostener que, si se trata de la financiación de todo el Estado, primero, todo esto tendría que haberse discutido a fondo en el Parlamento español; segundo, tendrían que haberse celebrado reuniones conjuntas de todos los presidentes autonómicos con el Gobierno, escuchando al mismo tiempo y concediendo idéntica importancia a las propuestas de cada uno; tercero, ¿para qué sirve el Senado? ¿De veras es una Cámara territorial, o viene a ser, como aquel antiguo Consejo Nacional del Movimiento, una especie de sinecura para políticos prejubilados que nada resuelven, aunque, eso sí, gastos al erario público ocasionan, y no pocos, pues aquí hay muchos más de 40 en nómina?


¿Y qué decir de la oposición? ¿A qué espera Rajoy para transmitir a la ciudadanía su propuesta concreta de financiación? ¿Se resigna a verlas venir, mientras su partido no se sacude los escándalos de algunos dirigentes?


¿Qué decir de otra parte del patriciado (ji, ji) que conforman los dirigentes políticos del conjunto de las autonomías? Habrá comunidades autónomas que noten para mal este nuevo modelo, pero sus dirigentes, protegidos, sus redes de nepotismo, sus obras faraónicas, su clientelismo, etc., seguirán medrando en tanto la ciudadanía no mande parar.


Cantonalismo financiero, reinos taifas, que aprobando, absteniéndose, incluso oponiéndose a la nueva financiación territorial, seguirán actuando y viviendo como casta privilegiada. Zapatero y sus improvisaciones. Zapatero y sus formas impresentables de conseguir apoyos parlamentarios sobre la base de la chequera. Zapatero, un dirigente al que le tocó liderar un tiempo histórico nuevo, que carece de credibilidad, que no arranca acuerdos necesarios y que adopta decisiones a salto de mata que le aseguren la estabilidad parlamentaria de sus gobiernos al precio que sea.


¿Cuánto dinero contante y sonante supone la gestión de los derechos ciudadanos? ¿Cuánto dinero se queda en el camino antes de llegar al destinatario? Un país como éste, que tantas reconversiones ha venido sufriendo, que, de otro lado, tiene interiorizado que lo que no es rentable debe cerrarse, ¿puede permitirse el lujo de que cada vez sean más los políticos a sueldo, así como los asesores y colaboradores que tiene a su servicio cada uno de ellos con el dinero de todos?


Cantonalismo financiero. A los responsables políticos de aquellas comunidades autónomas con población más envejecida y dispersa, no sólo habría que exigirles que demanden los dineros necesarios para atender las necesidades de sus ciudadanos, sino que además pongan sobre la mesa proyectos viables que atajen el despoblamiento, que eviten que sus jóvenes se vean obligados a emigrar, etc. ¿Por qué no se plantea que se ha llegado al máximo de la incompetencia cuando lo único que tienen en su cartera de pedidos es administrar un declive social y económico que no saben o no pueden combatir? Si usted, presidente de determinada comunidad autónoma, tras cuatro años de Gobierno, presenta un balance de mayor despoblación y más paro, ¿no está confesando con ello un fracaso que, de seguro, no será sólo imputable a usted, pero, sin duda, sí en no pequeña parte?


¿Y qué se hizo de aquel planteamiento, sobre la teoría tan defendible, de la España plural? Me temo que derivó en cantonalismo financiero.


¡Cuántos desatinos que acaban malogrando apuestas cargadas de futuro!

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