Más que palabras

Luces y sombras de la ley del Menor

n Un coladero para delincuentes de corta edad

22.07.2009 | 02:00
Luces y sombras de la ley del Menor
Luces y sombras de la ley del Menor

La violación de una niña de 12 años disminuida psíquica por siete menores en Isla Cristina y la de otra de 13 en Baena, también por cinco menores, han vuelto a encender las luces rojas sobre la polémica ley del Menor, que aunque ha sido modificada varias veces en nuestro país, sigue siendo un auténtico coladero para delincuentes de corta edad.


Agresiones sexuales de este tipo, que hasta hace poco eran sólo fenómenos repugnantes -pero episódicos-, se están convirtiendo en hechos demasiado habituales como para hacer la vista gorda. Ya no vale, como excusa, que no es bueno legislar en caliente, argumento que se suele utilizar a menudo para no coger el toro por los cuernos. Ya no vale apelar a que nuestra ley es la menos mala porque pretende conciliar el carácter rehabilitador de los castigos con su efecto disuasorio. Si este loable argumento al final lo que produce es un efecto perverso, que dota al delincuente de una sensación de impunidad, de que todo vale porque al final no pasa nada, algo se está haciendo mal.


Está claro que un menor de 13 años sabe distinguir perfectamente entre el bien y el mal y es plenamente consciente de sus actos. Hasta el momento la responsabilidad penal empieza a los 14 años, de tal modo que niños de 12 o 13 que delinquen no pueden ser castigados penalmente. Con la actual ley en la mano se da la paradoja de que un joven que acaba de cumplir 18 años puede ser castigado por una violación con hasta 15 años de cárcel, mientras que otro a quien le falta una semana para cumplir esta edad puede estar en libertad tras cuatro años de internamiento en un centro. Mas allá de que urja un cambio en la ley, algo falla en una sociedad en la que se produce un aumento muy alarmante de los delitos cometidos por menores. Algo tiene que ver con la crisis del modelo familiar, la banalización del sexo, el cuestionamiento de la autoridad y una educación no sustentada en valores y principios, sino en el mínimo esfuerzo y el éxito fácil y rápido a costa de lo que sea. Lo que no sirve es fingir que no pasa nada y esconder la cabeza ante un gravísimo problema.

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