NOE DOMÍNGUEZ
ESCRITORA
El otro día recibí un PPS. Un PPS es una presentación de diapositivas que, a veces, se acompaña de música y que sirve para llenarte la bandeja de entrada del correo electrónico y para que las personas creativas, que aún no han encontrado su camino, se desahoguen. Pues bien, el tema de la mencionada presentación era las últimas tecnologías, así se titulaba. Era curioso verlo porque, concretamente a mí, me sacó alguna que otra carcajada.
Estoy a favor del progreso, pero con la debida mesura y utilizando siempre la razón como freno a esa tendencia que tenemos los humanos de sacar todo de quicio. Había cosas que, ejercitando un poco la imaginación, todos podemos adivinar como paso lógico al avance actual. Por ejemplo: un edifico ciudad. Así lo llamé yo al verlo porque me recordó el escenario en el que transcurre la novela «Clones», de Michael Marshall. Se trataba de un edificio cuyos bajos son atravesados por una carretera de varios carriles y que cuenta en su interior, no sólo con las típicas viviendas y oficinas, sino con parques y jardines. Eso que a mí, todavía hoy me parece un poco aberrante, puede resultar lógico teniendo en cuenta la superpoblación mundial y que el espacio del que disponemos para vivir es limitado y, a medida que va transcurriendo el tiempo, a todas luces insuficiente.
Pero aparte de alguna cosa previsible como el edificio, el resto eran, permitidme el término, chuminadas que algún diseñador «colocado» por su propia creatividad ha pensado que podrían «romper» y resultar interesantes. Una pantalla flexible. Sí, como lo leéis; y yo me pregunto: si estamos viendo un partido de fútbol y nos entretenemos, mientras tanto, en arrugar la pantalla como si estuviésemos haciendo bolitas con miga de pan ¿no corremos el peligro de perdernos, entre arruga y arruga, las jugadas más interesantes? Había otra fotografía que mostraba la mesa y la silla de cualquier película futurista, con una leyenda que decía: «Muebles inteligentes»? Siempre me ha parecido más interesante admirar la inteligencia de mi anfitrión que la de su mobiliario pero, en vista de estos «Avances de la tecnología», debe de ser que me he quedado un poco anticuada.
En fin, sigo pensando que la inteligencia del ser humano, que no la de sus muebles, es maravillosa; que podríamos llegar muy lejos en temas que realmente son importantes para la Humanidad como la cura para enfermedades que diezman la población o cómo acabar con el hambre y la guerra en el mundo; pero quizás eso no nos hiciera «famosos» en los círculos en los que buscan serlo estos «rizadores de rizos profesionales» que juegan a vivir gracias a la tontería de quienes hacen caso de cualquier cosa que sea diferente de la que le legó la anterior generación.