LADISLAO DE ARRIBA
España, al menos hasta ahora, nunca ha pertenecido a la lista de países europeos (18) que encarcelan a menores. Pero tendrán que modificar la legislación si niños de 13 años continúan cometiendo violaciones. La precocidad en delincuencia está ya desorbitada. No tanto en lo concerniente a temas sexuales como en delitos contra la propiedad y el narcotráfico.
Los niños son empleados por las bandas de maleantes como informadores (siguen a las posibles víctimas, espían a los ocupantes de viviendas y vehículos) y en el caso del tráfico de drogas hacen de camellos y portadores de la mercancía y de avisadores «dando el queo», es decir, advirtiendo la llegada de la Policía.
No olvido que las cárceles suelen ser universidades donde se aprenden toda clase de transgresiones y de técnicas operativas, pero algo tienen que hacer nuestros juristas. Es preciso arbitrar un escarmiento que amedrente a adolescentes y niños que se inician en la delincuencia.
El caso de la niña (13 años) violada en Isla Cristina (Huelva) por otros menores (alguno discapacitado) ha sembrado la alarma en cierto segmento de la sociedad.
De aquel picaresco entretenimiento infantil de «jugar a médicos, enfermeras y pacientes» a estas barbaridades que nos cuenta cada día la sección de sucesos media un abismo. Los correccionales son insuficientes. Tal vez sea necesario arbitrar otro tipo de castigo. Aquella frase de «odia al delito y compadece al delincuente» se ha quedado pequeña para estos tiempos. Tal vez convenga menos compasión y mano más dura. Empecemos por solicitar unos Servicios Sociales más atentos y más eficaces.