LUIS M. ALONSO
La alimaña está aprendiendo inglés. El primer verbo que ha conjugado es «to kill», que significa matar. En realidad, matar es lo único que sabe hacer el pistolero José Ignacio de Juana Chaos y, sin embargo, en un vídeo de la campaña contra su extradición se ha presentado como la víctima en vez del verdugo. A De Juana Chaos le sorprende que el Estado español vulnere los Derechos Humanos, algo que supera en cinismo a aquello de irse de las partes traseras en un entierro y echarle la culpa al difunto.
Pero De Juana Chaos no ha hecho otra cosa en su vida que matar. Para ello ha utilizado los diversos métodos aplicados por la banda terrorista ETA: la bomba, el tiro en la nuca, etcétera. Todos ellos métodos repugnantes y cobardes contra personas inocentes, muchas veces desarmadas y, siempre, sin darle a nadie la oportunidad de defenderse. Bueno, pues este asesino despreciable de veinticinco personas, apoyado por los sujetos que le organizan la campaña, entre ellos una eurodiputada del Sinn Fein, intenta colar ante la opinión pública que en España se cierran medios de comunicación y se tortura impunemente, no existe el derecho de asociación y tampoco el de voto.
Si todo este asunto no fuese tan dramático como es por el dolor que ha ocasionado, sería para desternillarse que uno de los miembros más sanguinarios de una banda de asesinos que ha dejado tras de sí cerca de un millar de cadáveres, miles de víctimas y tanto daño moral y material, se queje de torturas y de la falta de libertad de expresión.
De Juana Chaos, en tanto conjuga «to kill», se ayuda de subtítulos en español para recordarnos que hay más de setecientos presos políticos en las cárceles de este país. El mayor error, lo ha reconocido ahora hasta el propio presidente del PNV, es «haber interpretado a la ETA en términos políticos». Lo mismo que ha sido una equivocación no haber endurecido la ley para que el asesino De Juana aprenda inglés en prisión perpetuamente.