FERNANDO MONREAL
Casi 850 millones de personas viven en el mundo en condiciones de pobreza. Cada incremento en el precio de los alimentos puede tener efectos desastrosos para una gran parte de la población mundial.
Desde mediados de los años setenta, hasta 2005, los precios internacionales de los alimentos siguieron una tendencia general decreciente. Esta evolución fue el resultado de la expansión de la oferta, causada por una mejora generalizada de la productividad agrícola y por las políticas internas y comerciales de los países desarrollados, que durante años han subvencionado su producción de una manera sustancial, contribuyendo así a generar un exceso de oferta a bajo precio. Pero a partir de 2005 se ha invertido esta tendencia a la baja de los precios; los alimentos han aumentado de manera continuada y han alcanzado en algunos casos su mayor nivel desde los años setenta.
Según el Fondo Monetario Internacional, entre 2005 y 2007 el precio del trigo aumentó alrededor del 125%, el más alto desde 1980. Durante este mismo período, el precio del maíz subió un 75%; el de la cebada, un 93%; el de la soja, un 83%, y el del arroz, un 100% en los últimos cinco años. Los precios aumentaron aún más en 2008, generando una crisis mundial de alimentos.
Las causas de estos incrementos son de naturaleza variada: los cambios de hábitos alimentarios, la creciente producción de biocombustibles, las condiciones climáticas adversas, el incremento de los precios de los productos energéticos, la escasez de tierra cultivable y de agua para su riego.
¿Y por qué hay una mayor demanda de los productos agrícolas? ¿Sólo por el incremento del consumo humano? No; el consumo de cereales para la alimentación ha sido estable. ¿Por un aumento en la demanda para el sector ganadero? No del todo, aunque es cierto que en los países emergentes, como son los casos de China e India, el nivel de ingresos de las familias les permite un mayor consumo de carne. Entonces?, ¿qué es lo que ha aumentado la demanda? Pues el uso industrial, especialmente la expansión del uso de biocombustibles, procedentes del maíz, trigo, azúcar (para obtener etanol), aceite de palma y otras semillas oleaginosas (para producir biodiésel), que se ha ido disparando progresivamente desde el año 2000.
Así, el uso industrial del maíz ha aumentado un 44% en los últimos cinco años, un 300% el de la soja y, un 88% el del aceite de palma. Se prevé que en EE UU la producción de maíz destinada a etanol sea incrementada un 150% entre 2006 y 2016, al igual que un aumento en los biocarburantes en la UE, Brasil, India y China.
Otro factor es el precio de la energía; la agricultura depende de la energía, tanto para el funcionamiento de la maquinaria, como para la elaboración de fertilizantes. A medida que el coste de éstos aumenta, la producción agrícola se vuelve cada vez más cara.
Y es que este alza en los precios mundiales de los alimentos básicos está generando grandes problemas entre los consumidores de los países en vías de desarrollo; ha habido incluso revueltas y altercados, en las que se pusieron de manifiesto las quejas de la población.
El mundo está atravesando una severa crisis alimentaria con consecuencias preocupantes, ya que las familias observan indefensas e impotentes cómo los alimentos alcanzan cifras desorbitadas e inalcanzables para muchos de ellas, y estamos hablando de alimentos de primera necesidad.