PACO G. REDONDO
Gijón tiene la suerte y el acierto de contar con tres playas urbanas, la concha natural de San Lorenzo al Este y las artificiales de Poniente y el Arbeyal al Oeste, y sin embargo tratarse de arenales infrautilizados, a pesar de estar concurridos en los no muy abundantes días soleados veraniegos. Ello se debe, además del clima templado, a la abundancia de rocas en Poniente y a la subida del mar hasta el Muro en San Lorenzo con la marea alta.
La evolución de la arena suele depender de las mareas, altas y bajas que ocasionan sedimentación y erosión; las corrientes, junto a la global de fondo hay dos radios de onda a cada mitad creando una subcorriente entre las escaleras 7 y 9 en San Lorenzo; y el viento que transporta granos sobre la superficie de la playa. En Gijón predominan en otoño, invierno y primavera los vientos del Oeste y Noroeste, de ahí las galernas del Cantábrico cuando las borrascas atlánticas son intensas, y las olas batiendo espectacularmente contra el Muro por la Escalerona, y en verano la brisa del Nordeste.
Probablemente la ampliación del puerto del Musel afectará a San Lorenzo moderadamente, tendiendo a acumular arena en el área de la iglesia de San Pedro, junto a la antigua isla de Cimadevilla, y a rebajarla en el área del río Piles, donde pueden incrementarse las corrientes. Desechada, al menos por el momento, la idea del dique semisumergido en San Pedro, poco se puede hacer frente a la inmensa potencia del océano.
En Poniente las cosas están más claras. Bastaría por una parte con depositar arenas de mayor grano para evitar el molesto efecto que causa el viento sobre los bañistas soleándose, que además de los de agua, se dan involuntarios baños de arena. Así como eliminar los pedregales que dificultan el caminar y el baño tranquilo en el mar, sobre todo con marea baja, para culminar el éxito de una playa que ha ganado mucho atractivo con las nuevas instalaciones del Acuario y Talasoponiente, soluciones relativamente baratas.