LUIS M. ALONSO
Los lectores corren el grave riesgo de caer en el desconcierto cuando leen que consejeros de Asturias, el País Vasco y Cantabria se reúnen en San Vicente de la Barquera para celebrar nada menos que una «cumbre económica». La confusión puede llegar a aumentar cuando por la información se enteran de que el objeto de la dichosa «cumbre» es analizar juntos las estrategias seguidas para afrontar la crisis y buscar una colaboración para impulsar proyectos comunes. De modo que la escenificación es completa y el ampuloso enunciado resulta, así, justificado. ¿Cómo no?, una cumbre y lo que sea.
Ahora bien, del desconcierto inicial a la perplejidad pongamos que sólo hay un paso. Y ese paso se da cuando esos mismos lectores tienen la oportunidad, además, de leer que lo que el consejero asturiano ha planteado, en la elevadísima reunión de San Vicente de la Barquera, a sus homólogos regionales es un «grupo de presión del noroeste español».
Desconozco para qué va a servir la promesa, el problema que yo le veo es que si el País Vasco y Cantabria se suman al frente noroeste, no sé a quiénes podríamos situar en el noreste de España. ¿O es que en este país, aparte de haber perdido el norte, nos hemos quedado ya sin noreste? Si la idea de nación no está clara, convendría por lo menos no perder la noción geográfica, aun siendo conscientes de que de ello ya se ha encargado la LOGSE todos estos años atrás.
Si Asturias, el País Vasco y Cantabria deciden ir adelante con esta iniciativa del grupo de presión del noroeste español, lo que tendría que hacer Galicia es establecer desde este mismo momento una alianza estratégica con Portugal para formar un «lobby» del noreste. De esa manera, además del desconcierto inicial y de la perplejidad geográfica, las noticias sobre esta singular iniciativa valdrían para despejar definitivamente el ambiente y darían para unas cuantas carcajadas. Igual que cuando la tormenta de verano sucede al bochorno.