FERNANDO GRANDA
La crisis está enseñando al personal a ser modesto, el sida a ser precavido y la gripe A a volver a la tradición. No hay mal que por bien no venga. Diversos estudios y sondeos así lo muestran. Me fijaré en una vertiente de la primera, la alimentación, de otras facetas hablaría otro día y de las pandemias soy muy lego.
Una encuesta realizada por la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU) da a entender que la crisis económico-social que padecemos está cambiando ligeramente los hábitos y las familias están recuperando buenas costumbres en la mesa. Las modas de comida rápida y de platos preelaborados están empezando a decaer o -al menos en parte- declinan en favor una alimentación más tradicional. Y es que los productos básicos de la dieta mediterránea son probablemente los más baratos del mercado.
Las legumbres, las verduras, los cereales, que cumplen los requisitos de la dieta mediterránea, podrán ahora recuperar el protagonismo en la mesa, volver a los llamados «platos de la abuela». También parece que se come ahora más fruta, más pescado y menos carne. La crisis nos pone a plan, que diría el clásico. El sondeo dado a conocer hace días por la CEACCU señala que los españoles intentamos comer sano y bien, pero que la mayoría no lo consigue. Quizá la situación económica lo logre ahora o nos acerque a la bonanza gastronómica. Porque casi un 75 por ciento de los 5.500 encuestados manifestaba su preocupación por la vida sana, pero solamente el 6,6 por ciento la alcanzaba.
Parece ser que los errores más frecuentes en nuestras comidas se encuentran en que desayunamos mal y poco, sin fruta, sin cereales, un simple café, alguna bollería, y ya está. En el almuerzo faltan ahora las verduras, las legumbres y las frutas. El pescado, salvo en zonas señaladas -especialmente en las costas norte-noroeste y sur- no abunda en nuestros menús, mientras que sí lo hace la carne. Tampoco hacemos deporte y en este apartado se incluyen los paseos. Según el estudio, sólo una cuarta parte de los españoles hace ejercicio, la mayoría duerme poco (la moda es burlarse de la siesta) y no hace vida al aire libre.
Consecuencias: estreñimiento, mala hidratación, enfermedades de la piel, alergias y hasta alopecia. Y también otras consecuencias físicas ya que una alimentación débil y el no hacer ejercicio trae como secuela la pérdida de masa muscular. Por eso debemos volver a la cazuela, a la dieta mediterránea, más barata y que incluye un buen vaso de vino. Y como los niños imitan a sus mayores, conviene no darles caprichos a la hora de comer, no preguntar qué queréis comer. Es mejor que coman como sus padres, que en una familia coman todos lo mismo en lo posible. Aprenderán a comer mejor. Lo repetía Grande Covián: comer de todo, pero un poco menos. Ganaremos todos.