JOSÉ LUIS IGLESIAS ÁLVAREZ
El día 15 de agosto, festividad de Nuestra Señora de Begoña, patrona de Gijón, tiene una clara significación para los gijoneses y gijonesas con el acto central religioso que tendrá lugar como es habitual en la comunidad de los Carmelitas, en el paseo de Begoña, a las 12 de la mañana.
Nuestra ciudad, Gijón, arrastra un problema de crisis profundo: el paro registrado en el mes de junio se eleva a 21.575 trabajadores, de los cuales 12.012 son mujeres y 9.563 varones. Esta grave situación viene siendo articulada por mecanismos que nuestro Ayuntamiento ha puesto en marcha hace unos años, a través de planes de empleo que maneja la Corporación conjuntamente con los sindicatos y empresarios, y que posibilita un atenuante para todos aquellos/as que carecen de un puesto trabajo, aunque sea temporal.
El día 15 de agosto tiene, a mi entender, dos lecturas de significado y compromiso para los creyentes y para la ciudadanía en general, pues no podemos apartar lo cristiano de los demás ámbitos, como dice el mensaje que nos trasmite año tras año la comunidad carmelita a través del oficiante en su homilía.
Y en este sentido hay que hablar de la injusticia, de la mala distribución de la riqueza que se da en la sociedad gijonesa en su conjunto, y, en particular, entre las autoridades que rigen los destinos de la Villa de Jovellanos. La pobreza severa que ataca a sectores de nuestra ciudad, la destrucción de empleos, una juventud que no puede emanciparse por las trabas e inconvenientes que se les pone a la hora de acceder a un puesto de trabajo digno y de calidad... configuran un horizonte plagado de oscuridades. Todos los ciudadanos y todas las entidades intermedias tienen la obligación de aportar su contribución específica a la consecución del bien común. Esto comporta el que persigan sus propios intereses en armonía con las necesidades de los demás y contribuyan al mismo objeto con las prestaciones en bienes y servicios que las autoridades establecen, según un criterio de justicia social, en la debida forma y en el ámbito de la propia competencia, es decir, a través de actos dirigidos al bien de la comunidad.
La persecución del bien común constituye la razón misma de ser de los poderes públicos, los cuales están obligados a actuar según los postulados de las respectivas situaciones históricas, en palabras de Juan XXIII.
No podemos construir dos sociedades en una misma ciudad: la que vive sin problemas sociales y económicos, y la que se encuentra con graves inconvenientes para sobrevivir porque carece de lo materialmente más elemental. Como es el caso de personas que han superado la barrera de los 65 años y que requieren de cuidados especiales que merecen, ya que anteriormente han aportado prosperidad con su trabajo. Y no los podemos olvidar, pues Gijón y los gijoneses siempre hemos sido solidarios con las necesidades más perentorias. Es así que las autoridades están obligadas a mitigar las barreras abiertas entre estas dos sociedades.
El día de Begoña da pie a la reflexión profunda de todos aquellos ciudadanos que tenemos un compromiso público. La prosperidad y la igualdad han de ser fines a conseguir por parte de los sindicatos, los partidos políticos y los empresarios, que están obligados a que el estatuto social sea más justo y solidario.