DANIEL RODRÍGUEZ
Hola, abuela, es increíble la cantidad de horteras que hay en este país, tanto estética como mentalmente. Llega el verano y salen como las moscas a aquel panal de rica miel de la fábula de Félix María Samaniego que me contabas.
No sólo es hortera el vulgar y el de mal gusto, como recogen los especialistas académicos; sino también aquellos que tratan de aparentar lo que no son.
Mira, la otra tarde me encontré a un viejo conocido que intentaba vacilarme con la cantidad de «fachas» que, a su juicio, había en algunos medios de comunicación, presumiendo él de socialista o algo así. «¡Bah!, ya sabes lo que se diz: "dime de qué presumes y voy decite de lo que careces"». Y sobre todo él, cuyo currículo se ciñe a varias tiendas de zapatos cuyos precios no bajan de los 250 euros. Además, viste como un auténtico socialista: acompaña su peinado engominado con camisa de Gant; pantalón Façonnable y zapatos Tod's. El conjunto ronda los 700 euros. Se trata, por tanto, de un hortera social no socialista, alguien que no sabe tan siquiera el sitio que ocupa en la sociedad en la que vive y que pese a los años y la pose, no encuentra su identidad.
Otro tipo similar de hortera, éste mental, es el presidente del Barça. Se va al bulevar de las estrellas de Hollywood y ante la afirmación de un imitador del popular Gordo, inseparable del Flaco, que gritaba a los presentes «este extranjero viene de España», se apresura a corregirle: «No, vengo de Cataluña», lo que podría significar «no, no soy español». Esto me viene estupendamente para recordar a un notable escritor, compositor, actor y cantante italiano, Giorgio Gaber, al que todos deberían conocer, quien en una de sus grandes canciones decía: «Yo no me siento italiano, más por fortuna o desgracia lo soy». O sea que ajo y agua, señor Laporta. Al igual que Michael Jackson era negro, usted puede dejar de ser tan hortera, pero dejar de ser «español» lo tiene crudo.
Y hablando de música, bien Buenavista Social Club en su reciente visita a Gijón, aunque ya no son lo que eran. Tan sólo quedan Guajiro Mirabal, Aguaje Ramos, Barbarito Torres y Manuel Galván, y quizás otro más que se me escape. Mientras, Omara Portuondo actuaba al día siguiente en Amberes y Elíades Ochoa lo hacía en Beziers (Francia). Hubiera estado perfecto verles por aquí. Pero ahora se dividen y así ganarán más. «Ta bien eso, Danielín, que los cubanos necesiten perres, pero que tengan cuidao no vayan acabar con la gallina de los huevos de oro. Si anuncies fabada, no pues poner fabes con almejes; faltaríenyos el compangu y nun seríen lo mismo».