JOSÉ DE ARANGO
En todos los lugares del mundo hay algo o alguien que une, en lo que todos los cercanos piensan, miran o recuerdan por algo en especial. En el caso de Salas, es el Viso y su Virgen». Estas palabras pertenecen al saludo que hace la hermana mayor de la cofradía salense, Graciela Suárez, en la primera página del librito de presentación de toda la programación que se está desarrollando tanto arriba, en el Viso, como en la propia villa.
Hace una semana la imagen de la Virgen del Viso fue bajada en procesión desde su santuario -mirador majestuoso sobre Salas- hasta la iglesia parroquial. Y se inició una serie de actos que van a culminar hoy con el día grande, organizado todo ello por la Cofradía Nuestra Señora del Viso, que tiene mil seiscientos cofrades no sólo del concejo, sino repartidos por todo el mundo. Allí donde resida un salense se puede afirmar que hay un cofrade. Esta mañana la imagen volverá al Viso para presidir la gran celebración, con misa solemne, festival folclórico, comida campestre y romería hasta que se eche la noche encima.
Al santuario del Viso se llega por dos caminos. Uno, el principal, arranca de la misma villa y va escalando, con vueltas y revueltas entre los árboles, hasta llegar a lo alto del monte, donde se venera a la Virgen. Hay otro acceso que procede del pueblo de Ardesaldo y que sirve de vía de comunicación con los pueblos de La Borra, Ballouria, Las Gallinas, Villarmor e incluso Mallecina, La Arquera y Malleza, puesto que se llega más directo por esta ruta, ya que no hace falta bajar por la capital del concejo.
De los pueblos altos los peregrinos llegan por el camino descrito en segundo lugar. Hasta hace algunos años el viaje para rendir culto a la Virgen del Viso se hacía en caballería. Las alforjas iban bien repletas con la comida para dar buena cuenta de ella tras los actos religiosos. Ahora ya no son muchos los feligreses que lo hacen en cabalgadura. Prefieren el coche. Pero hay un gran aparcamiento en el área recreativa y en sus aledaños no existe problema alguno. En este sentido, el Viso es también un privilegio.
Graciela Suárez es hermana mayor -prefiere esta descripción a la de presidenta- de la Cofradía de la Virgen del Viso. Agotado un mandato de cuatro años le ha sido renovado por otro período similar. Y es vicepresidente Juan Carlos Rodríguez. La directiva está integrada por doce miembros y representan tanto a la capital del concejo como a los distintos pueblos de su área rural. Son ellos, aparte de los ya citados, Ángel González, como secretario; José Manuel Álvarez, que es el tesorero, y los vocales, Milagros Pérez, Carmen de Aspe, Segundo Garrido, Arturo Menéndez, Ana Álvarez, Vanesa García y María Teresa Aparicio. Asimismo, integran el equipo rector los sacerdotes Iván González y Adán Fernández.
Me dice la hermana mayor que cada cofrade abona una cuota anual de seis euros y la entidad no cuenta con subvención oficial. Sí, en cambio, reciben la colaboración del Ayuntamiento de Salas, de la Caja Rural y de Cajastur. Para allegar fondos, la cofradía se distingue por la venta masiva de lotería navideña. Anualmente se celebra un día del socio, con entrega del bollo preñao y la botella de vino. El programa de actos no es ajeno a la actividad cultural y artística, puesto que este año ha incluido la representación de una obra de nuestro teatro costumbrista, que corrió a cargo de la Compañía de Comedias «Rosario Trabanco», de Gijón. La novena ha sido cantada por la Coral «Villa de Salas».
Y llegados a este sábado, que es el día grande de la Virgen del Viso, ya habrá que madrugar para estar a las nueve y media de la mañana presto y dispuesto a presenciar los pasacalles con las charangas que ha contratado la cofradía. A las doce se inicia la procesión de subida de la imagen -esta vez no se hace caminando como la bajada- y a las doce y media comenzará la misa solemne en el santuario, cantada por la Coral «Villa de Salas». Tras el acto religioso, llega la hora del yantar. La comida campestre en el área del Viso contará con la participación de la charanga «El Carmín», de Pola de Siero, y la banda de gaitas «Aires de Valdés». Cuando llegue la noche es la hora de bajar a la villa para continuar la fiesta con las citadas charangas y el grupo «Impresión».
También una vez al año se reúne la junta directiva de la Cofradía del Viso para elegir socios de honor. Los últimos nombramientos han recaído en Consuelo Fernández Llano, Severino González Rodríguez y Manuel López López, así como en los reverendos Rodrigo Suárez García y José María Rodríguez García. Y en el transcurso de los actos religiosos hay una intención especial de los mismos para todas y cada una de las parroquias del concejo. Y en el mes de enero se celebra una misa especial en memoria de los cofrades fallecidos.
Sólo una cosa le pedía ayer en Salas la hermana mayor de la cofradía, Graciela, a la Virgen del Viso: que este sábado haga buen tiempo. Y a poder ser, con sol de agosto. De los de verdad. Todo estaba preparado anoche en la villa para que un año más la celebración del santuario salense concentre a miles de peregrinos. Algunos ya habían arribado a la villa y en la farmacia de Luis Castañedo entraba uno pidiendo un alivio para una herida de rozadura de bota que mostraba con el pie en alto. Afuera había mochilas sobre la acera, justo enfrente de los «carajitos del profesor», mientras que en la terraza del Berlín las tertulias locales comentaban «el buen ambiente que hay para el Viso ahora que parece que mejoró el tiempo». Uno diría, como resumen a todo lo apuntado, que el Viso es un sentimiento. Un sentimiento muy profundo.