ESTEBAN GRECIET
En cosa de accidentes de automóvil, como en todo, vale más prevenir que lamentar, por lo que habrá que actuar sobre las causas con preferencia sobre los efectos. La vigilancia, el control, las penalizaciones y el carné por puntos son indispensables, pero no van a la raíz del problema. Si acaso, es también cuestión de efectivos y de medios porque más de una vez se nos ha dicho que tanto unos como otros son exiguos.
Pienso, por otra parte, que la situación de los radares habría de ser cambiante y aleatoria, sin que sea de recibo difundir previamente su lugar. Las campañas de la DGT y los amedrentamientos psicológicos algo valdrán, pero no siempre están bien concebidos. A veces son macabros y en ocasiones, ridículos. Recuerdo a Wonder con su «Si bibis, ni quindisquis».
Treinta y un muertos, más otros cuatro la noche del domingo, son treinta y cinco este fin de semana, que son muchísimos, y un número crecido de heridos. Como siempre, se compara la cifra con la de las mismas fechas del año pasado. Y esta vez don Pere no se puede quedar satisfecho porque hemos perdido por goleada.
Son millares de víctimas las que se traga cada año este gran dragón de nuestro tiempo que exige un crecido tributo de sangre. Mucho más que la gripe. Y pasamos por ello como un mal necesario. Nadie se acuerda de los heridos, los parapléjicos y los mutilados de por vida, cuyo censo aumenta sin cesar.
Digo que habrá que actuar también sobre las causas: las características de los vehículos, cada vez más veloces y potentes; la exigencia para obtener el carné de conducir y para renovarlo; la idoneidad de las infraestructuras... Y puestos a pedir peras al olmo, procurar que la inmensa mayoría no tome vacación al mismo tiempo.
P. D.: La errata todavía existe, mi columna de ayer se titulaba «La escala de Trini» y no «de Tini». El lector lo habrá entendido así con buen sentido.