JESÚS DEL CAMPO
El noventa por ciento de los billetes de Estados Unidos y Canadá tiene manchas de cocaína, lo dice el periódico. Uno había oído hablar del blanqueo de dinero, pero en otras modalidades. A diferencia de otras drogas, la cocaína fue bien vista socialmente y eso la ayudó a reventar los últimos restos de la revolución de los sesenta. Era una señal de poderío económico meterse una pasta por la nariz en un suspiro; el sistema asimiló algo que lo ponía en peligro. George Washington, que también hizo una revolución aunque con otros objetivos, se sentiría un poco raro si viera su cara en billetes enrollados y con manchas que lavan más blanco. Con las drogas, como con todo, lo que parece es tan importante como lo que es. Le ha pasado a Dylan, a quien una policía de Nueva Jersey tomó por un vagabundo. Santo cielo, Nueva Jersey, el Estado de Bruce Springsteen. El Boss se habrá escandalizado. Si los polis de Nueva Jersey no reconocen a Dylan, habrá que mandarlos a una academia de Policía que no se parezca a la del cine. ¿Quién les dio el aprobado a estos agentes? «Cocaine all around my brain», cantaba Dylan cuando era joven. «Cocaine» era también el título de una canción de J. J. Cale con la que hizo un hit Eric Clapton, más afortunado en versiones ajenas que en composiciones propias.
Y Madonna ha estado en Polonia y cosechado un gran éxito de público. Francamente, esto es para que a cualquier revolucionario se le quiten las ganas de revolucionar. Después de haber sido objeto de deseo de -y ocupada por- sus dos grandes vecinos, Polonia rinde culto a Madonna. No se entiende (bueno, igual sí). Polonia mostró en su día qué diferente podía ser el catolicismo según las circunstancias de cada país. Y le dio al mundo un Papa que tuvo mucho que ver en el colapso político del gran vecino que Polonia ha sufrido tantas veces por el Este. Pronto hará setenta años que Polonia fue invadida por su vecino del Oeste. Los buenos vecinos, decididamente, son una bendición. Especialmente si hay con ellos buenas comunicaciones. Puedo conducir por autopista desde Varsovia (más Polonia, ya ven) hasta Unquera, me decía un amigo indignado; se refería a que al entrar en Asturias te encuentras lo que te encuentras. Son frecuentes las quejas sobre las comunicaciones asturianas, eso es un hecho. Y encima nos cae un seísmo procedente de León. En los concejos del Sudeste. Bueno, lo habrán leído ustedes. Camas que se movían, puertas que se cerraban. Pues si no era un viejo programa de Ibáñez Serrador, caray, qué iba a ser sino un seísmo. Parece que Dylan buscaba la casa en la que Bruce compuso «Born to run», un disco que quería ser una larga noche de verano. En una de sus canciones, una chica bebe cerveza tibia bajo una suave lluvia de verano. La buena música se intuye en un verso. Polonia se merece un respiro.