J. M. CARBAJAL
Me temo que algunos mandamases con mucho peso en la actual junta directiva de la Real Federación Española de Piragüismo se hubiesen alegrado de que el riosellano Fran Llera saliera por la puerta de atrás, hace tan sólo diez días, de la concentración del equipo nacional masculino de kayak. Ansiaban, pienso, la derrota del asturiano en uno de esos controles selectivos decretados con nocturnidad y alevosía, pero les salió mal la jugada ensayada. Contra viento y marea, el olímpico de Ribadesella se ganó en el agua de Trasona -como a lo largo de toda la temporada-, y con merecimiento, el billete para el Mundial de Canadá.
Ahora, don Francisco Llera Blanco regresa a tierras del Principado de Asturias nada más y nada menos que como flamante campeón del mundo en relevos K-1 4x200 metros. Una medalla de oro que deja aparcados los sinsabores y las zancadillas a los que fue sometido el bravo deportista del Feve-Oviedo Kayak. Una dorada presea que bien recompensa los malos momentos y la tensión acumulada. Nadie mejor que él, así como sus allegados más cercanos, sabe lo mal que lo pasó por las salomónicas decisiones de algunos dirigentes federativos -no asturianos- que perseguían apearlo de la piragua casi a las puertas del Mundial de velocidad, aunque finalmente no lo consiguieron.
Las vueltas que da la vida. Quienes no hace tanto tiempo lo miraban con un cierto recelo, puede que saquen a relucir en estos momentos de felicidad sus mejores sonrisas. Toca el turno de las enhorabuenas, de los reconocimientos públicos, de las fotos?, pasando hoja al nefasto capítulo «anti-Llera» del que algunos deberían avergonzarse. Sí, sí, me refiero al controvertido control selectivo impuesto al asturiano, contraviniendo todos los criterios que estaban convenientemente publicitados, así como aprobados por la junta directiva de la RFEP. Lo triste de esa historia es que aún nadie ha presentado la dimisión de su cargo en el seno de la comisión técnica de la Nacional. ¿A qué esperan?
En una comarca tan pequeña como es la del oriente asturiano y en una disciplina deportiva tan señera en la zona como el piragüismo, llena de satisfacción tener a todo un campeón del mundo como referente de actualidad en el mundo del deporte de este país. Un logro que no está al alcance de pocos y, además, en el inicio de un ciclo olímpico que culminará en Londres 2012, donde la distancia de los 200 metros será olímpica en el piragüismo de pista, en detrimento de las pruebas del medio kilómetro. Sin duda, Fran se encuentra en el buen camino, quizás en su mejor momento deportivo, perfectamente aconsejado por el luanquín Miguel García, el mismo técnico que preparó a la pareja Craviotto-Perucho, campeona olímpica en K-2 500 metros.
Insisto en lo de colosal momento deportivo por el palmarés cosechado en este fructífero ejercicio de 2009: campeón de España master, medalla de oro en el Mundial de pista, medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de Pescara, medalla de bronce en el Campeonato de Europa de Brandenburgo. ¿Alguien da más? Una brillante racha de éxitos que podrían relanzarlo hasta su inclusión en el selecto grupo de elegidos para el premio al mejor deportista asturiano del actual año. Con todos los respetos, y sin molestar a nadie de otras disciplinas, creo que Fran Llera sería un justo merecedor de ese prestigioso galardón, salvo que existan otros intereses más, digamos, mediáticos.
Cierto es que no porta el «motorín» de las máquinas, ya sean motos o coches, pues el tremendo poderío de sus brazos lo dice todo. No tengo nada contra los pilotos de carreras, aunque me pliego ante el esfuerzo y el sacrificio de los atletas o los palistas, en el apartado individual, que luchan contra el cronómetro, tanto en los entrenamientos como en las diferentes competiciones oficiales. Fran Llera, ¡grande!, es uno de ellos. Mi más cordial felicitación al que fuera diploma olímpico en Atenas 2004 y actual campeón del mundo en K-1 4x200 metros, todo un modelo de humildad y de sencillez. Y es que a Fran sus triunfos no se le suben a la cabeza, por eso es más apreciado que otras «estrellas».