PACO G. REDONDO
Por sus aforos y plazos, salvando las distancias, los estadios de fútbol crecen en cierto modo cual catedrales de la era moderna. Hablamos desde la ciudad de los Quini, Ferrero, Luis Enrique... y esa gran afición, «La Mareona», que acompaña al equipo en diversos desplazamientos. Con un gasto de 4 millones para aumentar de 24 a 26.000 las plazas recreciendo el fondo norte y otros 2 para mejorar la grada oeste, lo que entraña incomodidades temporales, pero no puede hacerse una tortilla sin romper los huevos.
En Oviedo hicieron un estadio nuevo gastándose 8.000 millones de pesetas de las de entonces, y al poco tenían al Real Oviedo con 8.000 millones de pesetas de deuda, insolvente, bajando de categorías hasta la Tercera División y al borde de la desaparición. Afortunadamente para la capital y para la rivalidad asturiana, ha vuelto a ascender a Segunda B. En Oviedo, los de Gabino se pasaron de prioridades y de listos con el flamante nuevo Carlos Tartiere de 30.000 asientos, dicho sea sin acritud y objetivamente.
Aquí no puede tratarse como en Milán, donde los rivales Milán AC y el Inter comparten el gran estadio de San Siro. Porque si se hubiera hecho uno nuevo en Llanera, en vez de beneficiarlas, se habría perjudicado a ambas aficiones al aumentarles el desplazamiento y la incomodidad. Mayor ha sido el despilfarro en Sevilla, donde construyeron un nuevo estadio olímpico con aforo para 60.000 -Betis y Sevilla siguen jugando en sus respectivos campos- y ahora está casi en desuso y muerto de risa todo el año.
Respecto a Gijón, el estadio estaba en unas condiciones precarias y lastimosas, sin inversiones importantes después de reducirse el aforo desde los 36.000 para establecer todo asientos. En función de la normativa UEFA para partidos internacionales y repetir como sede del próximo Mundial de fútbol, sería bueno en una segunda fase, cuando la economía lo permita, seguir aumentando el aforo hasta los 30.000 asientos: ¿recreciendo el fondo sur? Con esta afición pronto nos quedaremos cortos.