EUGENIO SUÁREZ
Nada echa para atrás a los asturianos. Lo quieren todo o, por lo menos, lo intentan. Desde ese «guggenheim» de garrafa que se va a oxidar en la ría de Avilés hasta batir el récord de instalaciones sanitarias. Para una población que en poco excede el millón de habitantes, poco más que Sevilla capital, tenemos trece hospitales públicos, más el complejo universitario del Central, y se está construyendo una macrociudad sanitaria en Oviedo. ¿Disponemos de la mejor asistencia? Sin menoscabo de la competencia del personal sanitario, excepcional en muchos casos, mantenemos una igualada pugna con otros lugares en cuanto a las listas de espera. Algo se ha remediado en determinados aspectos, pero seguimos meritoriamente a la cabeza en demoras de atención, al menos en algunos servicios. Por ejemplo, quien desee o necesite atención oftalmológica pública tendrá que esperar tres, cuatro o cinco meses. No acabo de explicármelo ni veo circular por las calles centenares de personas con un bastón blanco, gafas oscuras y un perro lazarillo.
A la cantidad hay que añadir la de los hospitales comarcales: ni un municipio sin su hospital, universidad, museo de arte moderno, anfiteatro y no digamos estadio deportivo, a la cabeza de las reivindicaciones. Volviendo atrás en el tiempo, quizá por nostalgia o morriña, algún directivo de la Federación Asturiana de Empresarios resucita la teoría del «copago», con el argumento de que lo que nada cuesta se tiene en poca estima. Es una postura descabellada, al otro lado del inconsciente gasto a manos llenas de material sanitario que podría reducirse con una sensata administración.
Es posible un desfase en el que no quieren intervenir las autoridades, las competentes y las incompetentes. Por un lado, el planteamiento faraónico de una Seguridad Social multimillonaria; y, por otro, la mezquindad con que se remunera a los facultativos, médicos, cirujanos, enfermeras y demás personal, que provocan un éxodo hacia otros lugares de mejor tratamiento económico. Durante el verano, especialmente, los hospitales están en manos de suplentes y sanitarios poco experimentados, pues los titulares han tomado sus vacaciones. El deber de la dirección del centro es sustituirlos con gente preparada y competente.
Si se gasta con exceso, vigílese el despilfarro, sin acudir al recurso populista capitalista de que el enfermo sufrague los medicamentos. No hace mucho, la vulgar y meritoria aspirina, en sus variadas ofertas, estaba excluida de la gratuidad y debe significar un elemento importante, por la extensión de su uso. La atención primaria, desposeída de parte de su dignidad científica, se ha convertido en una expedición de recetas y algunos volantes para los especialistas, lo que no resuelve el problema y los médicos, que podrían sustanciar asuntos de su competencia, se guardan bien de aceptar responsabilidades que no sólo no les pagan adecuadamente, sino que ni siquiera las tienen en consideración.
O sea, que los ediles, consejeros, directores y subdirectores de sanidad del Principado -homologados con la ahora deficiente Seguridad Social- son parte del problema, porque sus sueldos rebañan los magros presupuestos para atender a una población inconsciente de sus derechos, de sus obligaciones y espíritu de cooperación. No hay más cera que la que arde.