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Disfrutar del tiempo, adivinarlo

n Los augurios campesinos tienen gran nivel de acierto

 
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Disfrutar del tiempo, adivinarlo
Disfrutar del tiempo, adivinarlo  

FERNANDO GRANDA El tiempo es uno de los campos de batalla que tenemos en Asturias todos los veranos. Y también uno de los temas de conversación casi permanente durante los períodos de vacaciones si las disfrutamos en el Principado. Pero este año llegamos a un rango de resignación un tanto exagerado. Quizá sea porque desconocemos muchos de los métodos de previsión que se utilizan sobre todo en nuestras zonas rurales.

Por ejemplo, una de las señales de referencia para «adivinar» cómo estará el cielo en las próximas horas en las zonas de costa, quizá las preferidas en época de estío, la encontramos en los vientos. Y los vientos «asturianos» son bastante definidos, prácticamente provienen de los cuatro puntos cardinales aunque sus denominaciones son locales. Así, el viento del Oeste, conocido como «gallegu», normalmente trae nubes, muchas veces lluvia y el agua del mar se templa; trae las perturbaciones que llegan desde el Atlántico. El viento del Este, es decir el «Nordeste», suele ser más seco, luce el sol pero enfría las aguas marinas o da esa sensación. Si sopla viento del mar, «mareru», la situación es parecida a la del gallegu pero suele hacer más frío en el aire y en la mar. Finalmente si tira «Sur», viento de la Meseta, aunque atraviese la cordillera, suben las temperaturas, habitualmente luce el sol, luego aparecen «borreguinos» blancos en el cielo y cuando cesa el viento muchas veces descarga un chaparrón. Es decir, por el viento se puede saber cuál será el color del cielo.

También podemos fijarnos en las montañas, en la mar, en la hierba de los prados, en las piedras de las zonas sombrías, en las hojas de los árboles. Veamos: un atardecer rojo sobre las aguas del Cantábrico anuncia un buen amanecer al día siguiente; unos montes despejados al anochecer auguran sol en la siguiente jornada; una hierba mojada por la noche en las praderías abiertas, por la «rosada», es una prometedora señal de buen tiempo en las próximas horas, mientras que una roca mojada dentro de un establo o en zona en sombra prevé lluvias próximas. Y así podemos seguir con augurios campesinos, muchos de ellos rudimentarios pero con un gran nivel de acierto durante siglos. El revoloteo de los pájaros, las hojas de los árboles y hasta la apertura de algunas flores nos pueden servir de «meteosat» particular. Y si todo coincide con las previsiones del Servicio Meteorológico, «miel sobre hojuelas».

Hay dichos populares que nos facilitan la previsión. Por ejemplo: «mar claro y monte oscuro, tiempo seguro». En fin, un buen divertimento, un juego de adivinanzas para lo que resta de verano.

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