FERNANDO LASTRA VALDÉS
PORTAVOZ DEL GRUPO PARLAMENTARIO SOCIALISTA
Hombre!, un artículo de opinión del alcalde de Oviedo. ¿De qué trata el artículo? Trata de lo malo que es Zapatero y de que con él de presidente «... perderemos unas décadas de progreso en nuestro país, con graves consecuencias (para) las oportunidades de las próximas generaciones». Casi nada. Y, ¿en qué se basa para hacer tan sombrío vaticinio?, parece que «en haber hecho un diagnóstico falso de la realidad que hace que las medidas que se adoptan sean equivocadas», y a juicio del articulista, como alternativa, se necesita «una política activa de creación de empleo»: ¿Alguna pista acerca de por dónde puede ir esa política activa? Sí «adoptando medidas para facilitar la actividad, como la reducción de impuestos y de cotizaciones sociales». ¿Algo más?, no.
Señor alcalde, usted siempre fue más exigente con sus colaboradores y empleados. Para escribir estas simplezas no se molesta a nadie. Hablar de la crisis exige, es cierto, un diagnóstico, una aproximación a sus causas, a las prácticas económicas que estuvieron en el origen y que, en buena medida, permitieron la ideología, en sentido mundano como conjunto de ideas, que la ha provocado. Creo que también habría que hablar acerca de las especificidades de la economía española, que dan lugar a que el comportamiento de la crisis y sus efectos sobre unos sectores de la economía sean distintos a los que provoca en otros países y, lógicamente, sus efectos sobre el empleo también.
Parece sensato preocuparse por la situación de las empresas españolas que tienen problemas relacionados con las consecuencias que la crisis tiene sobre el mercado financiero y sus dificultades para acceder al crédito. Pero preocuparse sólo por los «empresarios» denota más bien una inclinación ideológica aunque sólo sea porque no ha mencionado ni una sola vez a los «trabajadores», especialmente aquellos que por causa de la crisis han perdido su empleo. Tampoco se acordaban ustedes antes, cuando las cosas iban bien y el mercado de trabajo se nutría en tantos sectores de empleo precario, temporal y poco cualificado y en muchos casos ilegal.
Con este «mercado de trabajo» que es como se suelen referir a las normas que regulan la contratación y el despido en este país, no hubo muchas dificultades para que tantas empresas ganaran tanto dinero y para que tantas empresas crearan tanto empleo. ¿Significa esto que no hay que hacer nada? No, todo lo contrario, hay mucho que hacer y, entre otras cosas, hay que cooperar, cada uno desde su responsabilidad. Cuando se ponen en marcha medidas de cooperación con los ayuntamientos, por ejemplo, aprovecharlas, van dirigidas a mantener empleo en actividades económicas que lo pierden. No es, claro está, la solución definitiva. Sólo es una medida, una intervención extraordinaria para una situación extraordinaria. Una contribución desde lo público, con recursos públicos, de todos, que se sufragan, es cierto, con impuestos, para activar la economía. Para que los empleadores contraten a los empleados, para que lleven el jornal a casa y puedan mantener un determinado nivel de consumo.
A este tipo de iniciativas le encuentran pegas, es cierto, muchos economistas. Aquí se discute acerca de la eficacia de las medidas keynesianas, el efecto multiplicador de la inversión pública. Para eso están los economistas que, como sabe, han sido absolutamente incapaces de predecir la crisis. Mención aparte a los economistas del PP. Usted dice que se cumple todo lo que decían, ¿pero qué decían? ¡Hombre, don Gabino!, basta echar un vistazo al programa electoral del PP y a sus previsiones de creación de empleo ¡Eran más optimistas que nosotros! Proponían crear más de 3.000.000 de empleos, ¿era eso anticipar la crisis que se nos venía encima?
Pero para continuar con las predicciones económicas es verdad que han sido capaces de explicar lo que pasó y cómo pasó, después de qué pasó y, eso sí, sin mucho consenso acerca de las explicaciones. No hubo mucho acierto para predecir la crisis y su alcance, porque no hubo mucho acierto para establecer controles, para regular las actividades financieras, para limitar la codicia y las prácticas de tanto «amo del universo». No escandalizaban los «bonos» de los directivos de las empresas y de los grandes bancos, no extrañaban los beneficios empresariales en actividades especulativas ni preocupaban -y ahora tampoco a usted- las condiciones de temporalidad y precariedad laboral en tantos sectores, en aquellos que, precisamente, obtenían beneficios desproporcionados.
Cuando aparece en escena el responsable político del primer partido en la oposición es lógico que se suscite cierta expectativa. Algo dirá... algo propondrá... Se les habrá ocurrido alguna propuesta o tendrán algo que decir a los ciudadanos, más allá de señalar lo malos que -a su juicio- son sus oponentes. Pues no, nada que decir, nada que proponer, ninguna alternativa, y confían en movilizar el voto ciudadano en próximas convocatorias electorales contra Zapatero y su política. Pero entonces, ¿qué era lo que hacían en convocatorias electorales anteriores?
Ocasión perdida, señor De Lorenzo, como todas en las que se ocupa de cuestiones políticas que van más allá de lo local. Después de la experiencia tan negativa las pasadas elecciones generales, ¿por qué insiste usted?