JESÚS DEL CAMPO
Treinta y cinco mil estudiantes practican artes marciales en Shaolin, China. Estudiantes chinos y extranjeros, especifica el periódico. Son muchos. Todas las noticias que vienen de China traen números grandes; se refieren más a la masa que al individuo. La mies es mucha y los obreros pocos, dice el Nuevo Testamento (Mateo 9, 37). En China, la masa es mucha y los obreros incontables; el concepto de trabajo ha cambiado en el país y el enriquecimiento personal, como todo lo que ha sido tabú durante años, es ahora objetivo de muchos; siguiendo en la escala china, de muchísimos. Mientras tanto, Obama inicia sus vacaciones en el pequeño Estado de Massachusetts, tan kennedyano en su historia. La sombra de JFK puede cambiar de forma según los tiempos, pero sigue dominando el espíritu de su partido y proyectando sobre él un canon estético. Obama, a su manera, es muy kennedyano. Y ahora tiene mucho trabajo del que descansar y que preparar, dos guerras incluidas. Los Estados Unidos suelen estar implicados en una guerra más o menos lejana de sus fronteras. Las artes marciales se pueden practicar de muchas formas, la guerra es una de ellas. Pero las fronteras ya no son lo que eran; el niño protagonista de «Radio days» estaba seguro de haber visto, desde la playa, a un submarino alemán del que todos hablaban por entonces. América se sentía lejos del peligro; que un submarino rondara sus costas tenía algo de insólito. Nadie vio al submarino salvo ese niño woodyalleniano; se quedó con la conciencia incómoda de quien sabe que no le creerán. Si no le hubiera incomodado eso, habría servido para político. El presidente de China es menos conocido que Obama. No ha vuelto a haber en China un mandatario realmente famoso desde Mao, que durante un tiempo se esforzó por mostrarse como equidistante entre Washington y Moscú, quizá más para fastidiar a uno que para complacer a otro. Dalí fundió a Mao con Marilyn Monroe en un famoso fotomontaje; Andy Warhol hizo retratos de ambos. Hacer dinero es un arte, dijo Warhol. También ese arte es a veces marcial, detrás de las guerras todo el mundo sabe lo que hay.
Decididamente, treinta mil estudiantes es un mogollón. Cuesta imaginar a treinta y cinco mil estudiantes estudiando todos a la vez y en el mismo sitio; la exhibición de artes marciales ha obrado el milagro. Desde cierto punto de vista, da mal rollo; a la edad en que uno es estudiante, el impulso gregario debería ser mucho más débil que el ansia individualista de rebelarse contra el mundo. Cuesta imaginar a treinta y cinco mil estudiantes concentrados en salir de la crisis económica de la que, por dañina, ya se habla menos. Nos habían dicho que España estaba mejor preparada que otros para afrontarla. Ahora nos dan fechas para el AVE. Conservo unas cuantas monedas de euros alemanes a la vuelta de un viaje a Berlín. Me duele ir desprendiéndome de ellas, dan como más confianza.