PACO G. REDONDO
Siguen en el candelero, visita del ministro de Fomento a Asturias incluida, los temas de infraestructuras de transportes, especialmente el AVE y El Musel, y tampoco podemos dejar de lado el asunto del aeropuerto, en relación con el problema del aterrizaje con niebla no resuelto, y también de destinos y sobre todo de precios a Madrid, al margen de la posible ilegalidad de construir el circuito de coches al lado del aeródromo de La Morgal, centrémonos.
Dirigentes asturianos despreciaron los vuelos baratos a Europa, que captó Santander. Precios por internet el lunes 24 de agosto para volar desde origen el martes 25 a Madrid y volver el miércoles 26: desde Asturias, con Iberia, 500 euros; desde Santander, con Iberia, 146 euros; desde Coruña, con Iberia, 433 euros; con Spanair, 87 euros. Comprobamos por tanto que las diferencias son abismales, incluso entre la misma compañía -que en el caso de Asturias monopoliza el servicio-, tras la espantada de Easyjet y Spanair.
Tras Londres, París y Bruselas se añadieron vuelos a Ginebra y Lisboa, veremos su éxito a medio plazo. El principal nudo de comunicaciones aéreas en Europa no es Lisboa ni Ginebra, sino Fráncfort (en alemán, Frankfurt), a través del aeropuerto de Frankfurt-Hahn, a medio camino con Luxemburgo, donde vuela Ryanair, o el principal de Frankfurt, auténtico cruce de caminos. Nuestra opción de Air Berlin, no tan barata, tiene la pega de la escala en Palma de Mallorca y consiguiente adaptación de conexiones y suma de retrasos.
Estos precios políticos, que no técnicos, pues el litro de queroseno costará igual volando a uno u otro, constituyen una auténtica tomadura de pelo para los asturianos. Lo decida o no un juez, porque lo considere proporcionado o no se atreva a mojarse. Deberíamos plantarnos, salvo extrema urgencia o gravedad, y negarnos todos a volar con Iberia a precios superiores a los que establezca para Santander: si vuela con los aviones vacíos, que deje de volar también o fije precios razonables. ¿A qué tal abuso?