ESTEBAN GRECIET
Si me pidieran un símbolo del síndrome posvacacional, yo elegiría la foto de la vicepresidenta De la Vega al salir del agua con su escueto biquini en una playa catalana, publicada por casi toda la prensa pese a que la han intentado prohibir. Y es que la poca ropa es muy expresiva.
Si recuerdan, la bella Friné, amante y modelo del escultor Praxíteles, como diosa Venus, fue acusada de impiedad; pero su abogado la desnudó delante de los jueces, quienes ante su belleza la absolvieron por unanimidad. Y es que los griegos identificaban la bondad con la belleza. Como Venus surgió del mar en Chipre, María Teresa lo hizo en Villanueva y Geltrú, precisamente cuando apareció un tiburón. Que huyó poco después, por cierto.
La moderna Frenología, por su parte, supone que existe una correspondencia entre la fisonomía humana y el comportamiento moral, como reflejara Wilde en «El retrato de Dorian Grey».
Habrá quienes deduzcan de todo esto que si a la Vicepresidenta se le quita el envoltorio se nos queda en nada, pero yo creo más bien que la foto que nos ocupa la presenta como más auténtica que cuando, con forzada sonrisa y caminando con la solemnidad de las jirafas, informa del Consejo de Ministros.
Un análisis frenológico más profundo (gesto adusto, cuerpo anoréxico, pelo escaso, brazos en actitud de preaviso?) nos permitiría concluir que, si bien su conformación anatómica no responde a cánones estéticos convencionales, en cambio transmite carácter y ausencia de prejuicios. Y en este caso, también mala «milk», no se sabe si por volver al tajo, por la presencia del fotógrafo o por lo del tiburón.
PD.- Hace justo dos décadas, fui encargado de esta anual y agosteña columna. Veinte años no es nada, pero también es mucho. Con ésta me retiro y vuelvo a mi espacio habitual.