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Algunas claves de «Caritas in veritate»

n La nueva encíclica del Papa Benedicto XVI es una joya de moral, fe y razón, que debería ser más difundida por los católicos

 
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Algunas claves de «Caritas in veritate»
Algunas claves de «Caritas in veritate»  

SILVINO LANTERO VALLINA En la tradición de los pontífices de los dos últimos siglos, Benedicto XVI nos ha proporcionado una nueva encíclica que, a la luz del Evangelio y el Magisterio, analiza desde la teología moral los problemas actuales del ser humano. Destacaría, a modo de introducción, en primer lugar, que sin el cristianismo tendríamos tinieblas y decadencia. En segundo lugar, estamos sometidos a un recorte de las libertades por totalitarismos de nuevo cuño promovidos en democracias populistas con vocación intervencionista y manipuladora y orientadas por el más puro hedonismo y la sed de poder. Frente a este absolutismo de la técnica y del Estado, el Papa pone en primer lugar al hombre y la primacía de su dignidad conforme a los fundamentos cristianos que se derivan de la fe en Jesucristo, -Dios hecho hombre-, de la caridad y de la recta razón. La caridad necesita la búsqueda de la verdad porque sin ésta se convierte en sentimentalismo.

No puedo en un artículo recoger exhaustivamente la riqueza espiritual y moral de esta encíclica. Me referiré a algunas de las claves de la misma que sin duda serán objeto de estudio y análisis exhaustivos. En todo caso la doctrina social de la Iglesia debería difundirse mucho más sobre todo en los medios católicos.

El último capítulo es clave para comprender la encíclica «Caritas in veritate». La ciencia y la técnica tanto en la economía como en otros campos son insuficientes. Ya en «Spe salvi», Benedicto XVI adelantó este asunto cuando dijo que el error filosófico de Marx es que había olvidado al hombre y que insistió en que una vez solucionada la economía todo quedaría solucionado. El desarrollo de los pueblos, además, por supuesto, de adecuados modelos y nuevas soluciones precisa cristianismo, sobre todo. De ahí la importancia de llevar el Evangelio con sus principios morales. En efecto, «el desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común». No se puede utilizar como único criterio el beneficio -que por supuesto es necesario- ni tampoco el afán de consolidar el poder o los resultados técnicos. Además se precisa la presencia pública de la religión, en nuestro caso, la católica claro está.

Importante para las zonas atrasadas sometidas a corrupción política, violencia y pobreza es que les enviemos, a través de los misioneros, el mensaje evangélico opuesto al nihilismo que opera en las instituciones.

Como es sabido los gobiernos y organizaciones como la ONU a través de sus agencias exportan nihilismo y cultura de la muerte. El Papa lo recoge claramente a propósito del aborto y la eutanasia vinculados a la parte más negra de las sociedades desarrolladas: «En los países económicamente desarrollados, las legislaciones contrarias a la vida están muy extendidas y han condicionado ya las costumbres y la praxis contribuyendo a difundir una mentalidad antinatalista... Algunas organizaciones no gubernamentales, además, difunden, el aborto» (CV 28).

Se precisa aportar nuevas soluciones, basadas en la verdad, para resolver el problema la pobreza en el mundo. Es evidente que lo que se ha hecho por vía gubernativa y organizaciones como el FMI y el Banco Mundial ha fracasado.

Una de las aseveraciones más importantes en esta encíclica es que la necesaria economía de mercado no puede estar asociada al relativismo. Al contrario, debe estar apuntalada por bienes morales para que haya confianza, encuentro humano, búsqueda de beneficios y respeto a los contratos. Amplía el concepto de empresa incluyendo acciones humanas creativas que contribuyan al bien común creando empleo y llevando a cabo acciones solidarias.

La solidaridad de la doctrina social de la Iglesia no tiene nada que ver con la que promueven actualmente políticos, sindicalistas y burócratas. La solidaridad pertenece a la persona, no al Estado. Está vinculada a la gratuidad y a la subsidiaridad. Es un error, en concreto, creer que la solidaridad se canaliza a través de impuestos confiscatorios y gastos sociales. Esto constituye las dinámicas burocráticas que utilizan a los pobres o desempleados como «fardos» y personas dependientes sin iniciativa. La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos... Sin el don de la gratuidad no se alcanza siquiera justicia.

«El principio de subsidiaridad, afirma Benedicto XVI, debe mantenerse íntimamente unido al principio de solidaridad, y viceversa, porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado». (n.º 58). Este punto es muy importante allí donde la mentalidad socialista ha llevado a aceptar cierto tipo de acciones sociales destructoras de empleo y que, además, aumenta la picaresca de la búsqueda de rentas sin trabajar. Han creado una casta parasitaria reacia a la acción empresarial libre y adicta a las «manos muertas».

El Papa insiste en que la economía libre no es ni éticamente neutral ni inherentemente inhumana. Es una parte y una parcela de la actividad humana y precisamente porque es humana debe estar estructurada y gobernada de manera ética. Veamos un ejemplo al respecto: la caída del mercado estadounidense de hipotecas «subprime» ha sido atribuido a las mentiras y engaños de élites sin principios morales cristianos a las que siguieron miles de personas que mintieron en sus formularios de solicitud de hipotecas de vivienda.

Para todo esto es fundamental la libertad religiosa y la presencia pública de la Iglesia en la educación y medios de prensa y TV. En esto los católicos tenemos una obligación de dar testimonio y responder a iniciativas como la manifestación por la vida que va a tener lugar próximamente en Madrid. Asistir a actos públicos contra el aborto es dar testimonio de Cristo. El diálogo respetuoso con quienes no se consideren parte de la Iglesia también es muy importante para confluir en el bien común dado por un ámbito amplio de libertad donde las personas y grupos sociales desplieguen y lleven a cabo proyectos empresariales y acciones morales para hacer el bien.

La encíclica aborda también temas de medio ambiente, de la globalización, la familia, la educación y matrimonio, el problema de la ONU, etcétera, que trataré en otra ocasión. En todo caso les animo a leer la encíclica «Caritas in veritate». Es una joya de moral, fe y razón. No se la pierdan.

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