DANIEL RODRÍGUEZ
Vuelve la Liga de las estrellas y llevan razón quienes la catalogan de esta forma porque como auténtica estrella cobra hasta el tuercebotas de turno que milita en cualquier equipo patrio. No es cuestión ya de hablar de la galaxia madridista o catalana, sino de los 20 millones de euros que el Sporting va a volver a dilapidar en diez meses ofreciendo un fútbol carente de interés, aunque no exento de emoción por aquello de no saber si va a jugar la UEFA o irse a cualquier otra competición.
En estos momentos de «vacas con alimento» vuelve aparecer por sus fueros el que hoy llaman don José, ayer Pepe y nada más, e insiste en que no vendería el club a nadie de fuera de Asturias, cuando él sabe como yo que lo único que faltó fue que llegaran con lo necesario. Sigue vendiendo su imagen de dueño y señor, intenta que le vean como un benefactor del club. Para ello debería empezar por el principio: poniendo sobre la mesa toda la documentación que explique cómo se pasa de 300 millones de pesetas de deuda, cuando él llegó, a los 6.000 millones en el momento en que anunció su retirada, aunque, como se puede ver, sigue ahí.
Con esta guisa arranca una nueva temporada, en la que un 15% de gijoneses en edad de trabajar está en el paro y si quiere ver a su equipo del alma tendrán que pagar 425 euros, lo más barato, más los partidos señalados con suplemento por días de club. Sin trabajo y con un futuro incierto, no sabe cómo hacer el paisano para sacar el recibo de socio. A eso añade el temor a la gripe A, y no sabe si aprovechar y no enviar a los niños al colegio, tanto para curarse en salud como para ahorrarse el uniforme, los libros de texto y el transporte.
Por cierto, ¿qué van hacer para evitar los contagios que se producirían en esos autobuses cargados hasta los topes y que huelen a todo menos bien? ¿Qué harán con los 90. 000 del Nou Camp o los 20.000 de El Molinón, todos gritando a pleno pulmón el gol de su equipo? ¿Se va a multar a esa cantidad de ciudadanos que en plena calle afinan su garganta con un sonido gutural que invita a apartarse y lo sueltan todo en plena acera?
Mientras, los que viven de este gran negocio del fútbol anuncian que la mejor Liga del mundo no nos la podemos perder. Lo peor de todo es que son muchos los que se lo creen. Yo también tuve una época en la que creía que el fin del mundo era inminente y han pasado ya cincuenta años.