JOSÉ MANUEL PONTE
El actor norteamericano Brad Pitt, uno de los guapos oficiales del Hollywood actual, estuvo de visita en Avilés para ver el estado de las obras que el arquitecto brasileño Oscar Niemeyer ha proyectado dentro del plan de recuperación de la ría y de lo que fue el entorno industrial de la factoría siderúrgica de Ensidesa. Un paisaje degradado por la contaminación que ahora se pretende remozar con un planeamiento urbanístico que está resultando muy polémico tanto por su diseño como por su coste. El actor justificó su presencia en la villa asturiana por la admiración que siente por la obra de Niemeyer y por su probada afición a la arquitectura, ya que es socio de uno de los estudios que trabajan en la rehabilitación de la Nueva Orleans devastada por el paso del huracán «Katrina». Las horas de su estancia en Avilés fueron muy intensas porque, después de echar un vistazo al «huevo escalfado» que Niemeyer plantó en el fondo de la ría, tuvo tiempo de dar un paseo por las calles del casco viejo y por el parque de Ferrera y tomar un refrigerio en Casa Tataguyo antes de retirarse a descansar en el hotel ubicado en el antiguo palacio de los Llano Ponte. Yo le alabo el gusto, porque el casco viejo avilesino es de los más bonitos del norte de España y, pese al destrozo urbanístico que se produjo en su alrededor tras la llegada de Ensidesa, está milagrosamente bien conservado y se ha rehabilitado con escrupuloso respeto a su identidad. Y es pena que haya cerrado El Llagarón, para que el señor Pitt pudiera admirar el famoso techo entretejido de telas de araña y el calendario de un Deportivo coruñés de los años cincuenta que colgaba de una de sus paredes. Por supuesto, la visita del famoso actor ha sido muy publicitada en la prensa, aunque no faltan comentaristas regionales que creen adivinar una oculta maniobra política en todo ello, porque el presidente del Principado acudió raudo a fotografiarse con él en compañía de un hijo adolescente, y lo mismo hicieron la Alcaldesa y otros miembros de la Corporación. Argumentan estos críticos que si el señor Pitt fuese tan apasionado de la arquitectura como dice podría haber visitado también los monumentos prerrománicos del Naranco, el gigantesco centollo albino que Calatrava edificó en el centro de Oviedo o el «Elogio del horizonte» de Chillida en lo alto de la península de Cimadevilla en Gijón. Todo es posible. Los políticos se pirran por esas actuaciones efectistas para -según ellos- poner a su región, a su ciudad o a su pueblo «en el mapa». Tome nota de ello el presidente de la Xunta de Galicia por si considera conveniente que algún actor famoso visite la Ciudad de la Cultura para alabar el proyecto. Cobrando, naturalmente. Esa gente no se desplaza por amor al arte. Al menos de forma habitual.