JAVIER NEIRA
Se empieza peatonalizando las calles de Oviedo y en un parpadeo, como quien dice, se acaba metiendo un bólido a 260 kilómetros por hora por Toreno. Toma coherencia. Y encima con un despliegue de vallas que no mejoraría ni el más crudo cerco. Si los sitiados son tratados así por sus representantes, ¿puede extrañar que ciertos foriatos que odian enfermizamente a la ciudad le den palos desde los cuatro puntos cardinales?
Ojo, que la contra no para. Ayer se quitaron la careta en relación a la ópera, y es que, como ya llevo años alertando, quieren birlarle a Oviedo la temporada mediante el expediente saduceo de diluirla entre otras urbes asturianas. En nada, como ha ocurrido con la Universidad y otras muchas instituciones, Oviedo se quedará en pelota. ¿Habrá nueva recogida de firmas de protesta por las calles de la capital asturiana como aquélla que se articuló para evitar que se llevaran el centro, museo o lo que fuese de la Fundación Príncipe de Asturias? Lo dudo, porque ya se vio el nulo éxito de aquella campaña: después de Brad Pitt le toca ahora el turno a Isinbayeva, que recogerá el premio en Oviedo -en el Campoamor, ya subsede de la nueva temporada de ópera astur- en una ceremonia rancia y cortesana y después se irá a dar saltos por el Oscar Mayer avilesino, donde, a buen seguro, se comprometerá a colaborar en algún proyecto ludicotemático, a participar en una película de Woody Allen, quizá sobre canguros, a cantar lieder de música fusión con Barbara Hendricks y a regentar una fábrica de pértigas en algún audaz Cubo de la Innovación.
Pobre Oviedo. Tal y como están las cosas un cenizo recordaría que la calle Toreno tiene su historia negra, y es que el día en que se inauguró el servicio de tranvías una unidad perdió los frenos cuesta abajo y se mataron no sé cuántos pasajeros y años después, en el 34, por allí lanzaron los golpistas -progres, oiga- una partida de bidones de gasolina que incendiaron la mitad de las casas de la calle Uría. Pero no, mejor ni mencionar esas cosas.