JOSÉ LUIS GARCÍA DELGADO
CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA APLICADA Y PRESIDENTE
DEL PATRONATO DE LA FUNDACIÓN ARCHIVO DE INDIANOS
Acierta doblemente el Gobierno del Principado al concederle la medalla de Asturias en su categoría máxima -la de oro- a Aurelio Menéndez, pues es una distinción que honra a quien la recibe pero también a quien la ofrece, al ser el destinatario una referencia de ejemplaridad profesional y ciudadana. El que da no se priva de lo que da, diciéndolo con una línea de Borges.
Cuatro aspectos de la personalidad de Aurelio Menéndez son dignos, en efecto, de ser considerados como pauta de excelencia. El primero, su vivencia vocacional de la Universidad a lo largo de más de sesenta años, sin ceder un ápice de autoexigencia e ilusión a la usura del tiempo. Vivencia vocacional de lo universitario, en todos sus planos y facetas: a la hora de reconocer a los maestros y a la hora de incitar a los discípulos, tanto en la docencia como en la investigación, bien explicando en las aulas, bien dirigiendo departamentos (en Santiago, en Salamanca o en Madrid) y fundando Facultades (en Bilbao y en la Universidad Autónoma de Madrid).
Un segundo rasgo admirable es su condición integral como hombre de Derecho. Ha sobresalido como estudioso del Derecho Mercantil y como abogado, aunando elaboración doctrinal e interpretación práctica de la norma; ha conseguido prestigio como árbitro de Derecho de equidad, y ha hecho una excepcional labor propiamente creadora de Derecho al frente de la Sección de Derecho Mercantil de la Comisión General de Codificación, durante un cuarto de siglo. Aurelio Menéndez transpira ese temple del gran jurista que combina creencias firmes y ecuanimidad, estudio y buen sentido, exigencia en los fundamentos doctrinales y ponderación en el juicio; el temple privativo de quienes consiguen aunar firmeza intelectual y la elegancia de espíritu que funde, a su vez, reciedumbre moral y tolerancia.
No es ajeno todo ello, desde luego, a lo tercero que se quiere destacar. Está por hacer la historia de lo que el progreso de la España contemporánea -la España de la libertad recobrada y que ha dejado atrás penurias económicas y cruentos enfrentamientos- debe a varias generaciones de eminentes juristas comprometidos en una vasta tarea de renovación legislativa, anticipando, en unos casos, líneas de cambio social y político, y adecuando, en otros, piezas enteras del sistema normativo a las nuevas coordenadas de nuestro país en una Europa que ha conseguido reverdecer tras la doble autoinmolación sufrida en la primera mitad del siglo XX. Está por hacer, repito, la historia de ese aporte colectivo, aunque en el campo del Derecho Mercantil sea relativamente fácil rastrearla a partir del trabajo escalonado de tres maestros indiscutibles: Joaquín Garrigues, Rodrigo Uría y Aurelio Menéndez. Tres magníficos juristas, escalonados generacionalmente: Garrigues pertenece a la Generación del 27, Uría a la del 36, Menéndez a la del 50. Tres pilares de la Moderna Escuela Española de Derecho Mercantil, correspondiéndole al primero la tarea fundacional, al segundo la de consolidación y al tercero la de su definitiva legitimación social, algo inseparable, esto último, de la presidencia antedicha de la labor codificadora a partir de la Constitución de 1978, esto es, en la España democrática a cuya feliz gestación tan buenos servicios prestó, por cierto, desde una alta responsabilidad de Gobierno, Aurelio Menéndez, en una de las fases cruciales de la Transición.
Dejo para el final un cuarto rasgo, que ya tuve oportunidad de destacar en estas mismas páginas de LA NUEVA ESPAÑA hace algunos años: el ser y el estar de Aurelio Menéndez como lograda expresión de lo que él mismo ha llamado «asturianía», esa mezcla de inteligencia, emprendimiento y timidez, de hospitalidad y «grandonismo», de cordialidad y un reírse para adentro; la asturianía que nutre un acendrado sentido de la propia dignidad y a la vez de un hondo sentido de la tolerancia. La asturianía del que, desde el amor a esta tierra, lleva a España en el corazón y alza la vista al ancho mundo.
Maestro de universitarios y juristas, firme valedor de las libertades, asturiano cabal: todo esto es lo que realza la distinción que hoy se entrega. Enhorabuena por partida doble.