JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ
También habría que decir que no nos coge de sorpresa en absoluto. Se veía venir desde hace tiempo. Las «alegrías» y las improvisaciones continuas del Gobierno central, en variados aspectos, con la inestimable ayuda del autonómico, en meteduras de pata como el cacao del sobrecoste de El Musel, nos llevan o, mejor, nos obligan a tener la certeza de un final en el que no hace falta ser muy listo para llegar a la conclusión de que todas las barbaridades que cometan las vamos a pagar los de siempre.
Como si desde hace tiempo no tuviéramos suficiente con lo de una taza, ahora taza y media? o más, vayan ustedes a saber.
Al cada vez más escaso personal que tiene unos euritos ahorrados actualmente le esquilman un 18%, que no es moco de pavo. Ahora mismo estudian -y lo van a llevar a cabo- el subir unos puntos más. Lo dicho en el titular: van a lo fácil.
Archiconocido resulta que las grandes fortunas, que conocen todos los recovecos de la ley, se lo montan de «pm» con el tenderete de las SICAV, y con un uno por ciento cumplen.
En plano puramente populista el Gobierno central ha ido tomando medidas de modo excesivamente alegre, y con nulas previsiones de futuro, con lo cual los euritos se han ido difuminando. Los 400 euros justamente en vísperas electorales, el «cheque bebé» indiscriminado, ordenadores a esgaya o el fregao que están montando a costa de los 420 euros asignados a parados que terminen prestaciones, y que ya han tenido que rebobinar un par de veces, a la par de dejar con el culo al aire al ministro de Trabajo.
Uno entiende que, si de verdad quieren ser austeros y ser consecuentes con su ideología, deberían comenzar por mirarse su ombligo y dar ejemplo. Suprimir los miles de cargos desparramados por todo el país, creados a propósito para incompetentes a los que tan sólo se les pide -como cantaba Vitorín el de Mieres- una ficha, un color y un partido. Sería lo más conveniente, y todos lo aplaudiríamos. Adecuar sus sueldos a la baja, y la de todos los inmersos en los chiringuitos inútiles, no dejaría de ser otra buena medida. Meter mano de una vez a temas como la sanidad o lo social podría ser otra, porque existen clases de personas que nacen y mueren con el todo incluido, mientras que los necesitados de verdad, como que no, y no quiero citar ejemplos, porque encima me tildarían de un montón de cosas.
Al final no deja de ser curioso que todo resulta como un teórico mundo al revés si lo extrapolamos a los bandoleros generosos de otras épocas. Aquellos robaban a los ricos para dárselo a los pobres. Ahora despojan a los pobres y pasan de los ricos. Lógico, dado que ellos se encuentran entre los últimos. Y es que con todo lo que se nos viene encima es para vivir en estado de permanente enfado. Aunque queden algunos crédulos que ven brotes verdes hasta en el salón de su hipotecada casa. Cuestión de ópticas.