JAVIER MORÁN
La municipalidad ha echado la casa por la ventana y ha cortado el tráfico en varias calle del barrio de El Carmen. Vamos, el chocolate del loro, visto que la circulación que soportaban dichos viales era en sí escasa. En cambio, las peatonalizaciones, o la conversión de calles al tráfico «pacificado» -mediante adoquinado y así- es un proceso que el Ayuntamiento ha abandonado hace tiempo.
Es más, hay cierta incoherencia en esto de haber convertido Gijón en una «ciudad laboratorio» para experimentar con los enchufes de recarga de futuros vehículos eléctricos, y no proseguir con la expulsión paulatina de los motores de explosión (salvadas, eso sí, las necesidades de reparto del comercio y la hostelería).
Además, sigue habiendo un agravio comparativo entre el cierre del tráfico en Cimadevilla y el resto de la ciudad, a excepción de lo que ahora ejecuta el Ayuntamiento en El Carmen. Existen calles totalmente torturadas por la circulación, sin ir más lejos, la que atraviesa este último barrio, Felipe Menéndez. Y no hablemos de Munuza, o de la avenida de la Costa, y un largo etcétera.
En Gijón vence claramente el área de Tráfico sobre el urbanismo, aunque ya no hay aquellas trifulcas de cuando Vigil era el jefe de la circulación de vehículos y el urbanista Rañada postulaba las citadas peatonalizaciones.
Ítem más: si la principal causa de la contaminación atmosférica en Gijón es el tráfico -como asegura el Ayuntamiento al tiempo que pone cara de impotencia-, no se explica el hecho de que no se plantee ni una sola medida correctora, salvo esto de impedir que cuatro coches, o cuarenta, da lo mismo, pasen por una zona ya poco transitada.
Y con ello volvemos a lo mismo: la pose municipal con la exploración sobre los vehículos eléctricos, algo así como «vamos a ser una vez más ciudad pionera en algo» y a darnos el pote con ello. Pero el problema real sigue permaneciendo intocable.