JAVIER NEIRA
Resulta que cuando fuimos a votar en marzo del año pasado estábamos a cinco minutos de entrar en recesión, si no era ya cosa hecha. Y es que, según la recientísima revisión del Instituto Nacional de Estadística, en el segundo semestre de 2008 la economía se contrajo un 0,1 por ciento, en vez de crecer, como se dijo entonces oficialmente. Una nueva revisión seguro que adelanta un poco más el fenómeno retro y certifica que ya estábamos en recesión cuando votamos, cuando Zapatero se negaba incluso a pronunciar la palabra crisis, cuando los socialistas tachaban de antipatriotas -¡sí, de antipatriotas, nada menos!- a los pocos que se atrevían a insinuar que había crisis.
Sólo tres países europeos, España, Italia y Holanda, llevan cinco trimestres en recesión y de los tres el peor es España, cuya economía bajó un 1,1 por ciento, frente al 0,5 y el 0,9 por ciento, respectivamente, de los otras dos.
La conclusión es obvia: fuimos a votar engañados, y es que en esta España socialista aún cursamos extramuros de la frontera del primer mundo, un espacio donde los datos públicos son incorrectos o incluso falsos, así que no es posible saber cuáles son realmente las coordenadas.
Las cifras oficiales de nuestra economía a día de hoy no tienen ninguna garantía, los datos de las entidades financieras son inverosímiles y hay más que sospechas de la existencia de firmas zombis donde está aparcada la gigantesca burbuja inmobiliaria española.
Todo es resultado de la inexistencia de un Estado moderno -si no, ¿qué Estatut ni qué niño muerto?-, de manera que incluso las cifras oficiales sobre el precio medio de los alquileres o de lo que sea no son fiables, porque están en función de lo que le interesa electoralmente al Gobierno.
Fuimos a votar escandalosamente engañados y ahora estamos batiendo el récord europeo no sólo de paro, sino también de recesión. O se enmienda esa gigantesca mentira o no hay remedio.