LADISLAO DE ARRIBA
Parece iniciarse un período de fusión entre el medio centenar de cajas de ahorros actualmente existentes en España. Comenzaron unas «cajinas» catalanas y otras (no tan pequeñas) del Sur. Puede que sea buena solución para regularizar a las que andan desmadradas. En realidad el problema no está en estas instituciones de carácter privado, sino en los «cajeros» adheridos como lapas en los consejos de administración.
De la Confederación Española de Cajas de Ahorro salieron señeras figuras de la economía (Fuentes Quintana, Álvarez Rendueles y Luis Ángel Rojo, entre otros), pero cuando las cajas iniciaron su vinculación con la función pública llegaron los políticos de distinto pelaje a la caza de dietas, pluses, viáticos y créditos de bajo coste. Como esa entidad de cuyo nombre no quiero acordarme, que pretendió fundar una ciudad lúdica, al estilo de Las Vegas y un aeropuerto, tal que Barajas, en tierras de pan llevar. En esa caja (manchega para mejor identificación) el paridor de ideas se hizo subir el sueldo un 80 por ciento, llevándose, en un año de dietas, medio millón de euros.
Con la fusión ha de disminuir el número de consejeros, lo cual supone la desaparición de algunos pesebres que pueblan el panorama nacional.
Esta concentración de cajas puede ser el comienzo de una regularización corriente, moliente y decente.
La decencia tiene que ser la clave de todo este asunto.