LUIS M. ALONSO
Ha dado mucho de que hablar la foto proletaria de Rodiezmo, la localidad minera leonesa donde el PSOE ha querido hacer un homenaje al pasado sin olvidarse del presente. De la famosa instantánea del puño en alto, no hace falta que les diga quiénes representan al pasado, pero con respecto al presente y al futuro, hay que reconocer que Leire Pajín y Bibiana Aído han quedado muy monas como socialistas florero. Y no quiero decir con ello, no se me entienda mal, que el papel de los veteranos José Ángel Villa y Alfonso Guerra sea menos decorativo que el de las chicas. Todo responde a una escenografía tradicional en la que, a falta de otros resultados políticos prácticos, el simbolismo sigue siendo el clavo al que agarrarse para mantener atenta a la clientela más izquierdista.
El Partido Socialista Obrero Español, después de años en la clandestinidad y sin capacidad para adaptarse a un sistema democrático, mantuvo durante más tiempo que otros socialismos europeos la fidelidad al marxismo y a los viejos símbolos. Los socialdemócratas alemanes renunciaron a él en Bad Godesberg en 1959. Los franceses hicieron lo propio, también, en los cincuenta, de la misma manera que los laboristas hace ya décadas que no levantan el puño. De hecho, el ex premier Harold Wilson fue uno de los políticos que se atrevió a confesar en público que él nunca había podido pasar de la primera página de «El Capital».
En 1979, Felipe González se decidió a dar carpetazo al marxismo con aquella famosa frase de «prefiero morir apuñalado en el metro de Nueva York que vivir en la Unión Soviética». Carrillo escribió después que las palabras respondieron a la necesidad del líder socialista de tranquilizar a los poderes fácticos de la economía para que no temieran una llegada de los socialistas al Gobierno. Una vez acostumbrados a ellos, el temor por parte del capital está más que disipado y entre los demás lo único que produce es una triste sonrisa.