J. M. CARBAJAL
Batallar contra la Administración puede resultar baldío, pero no hay otra manera más que volver a insistir. Eso deben pensar algunos de los vecinos del núcleo de Cañu, en término municipal cangués, quienes hace apenas nueve meses veían inaugurada la travesía de la nacional 625 (León-Santander por Cangas de Onís). Una actuación en la que la Demarcación de Carreteras, dependiente del poderoso Ministerio de Fomento, invirtió la cuantía de 312.242 euros. Eso sí, una remodelación a fondo en pro de la seguridad vial, con su nueva capa de rodadura, pasos de peatones correspondientes, llamativas aceras y espectaculares luminarias. En fin, una obra de alto copete y que recibió cantidad de elogios.
Afortunadamente, esa coqueta localidad canguesa se vio recompensada después de años de gran olvido. Atrás quedaban aquellas pequeñas algarabías entre partidarios de una vía de circunvalación; mientras, otros insistían en adecentar en condiciones la otrora vieja calzada, principal conexión de la comarca del suroriente asturiano con la Meseta castellano-leonesa. Después de mucho tiempo sumidos en el más triste de los ostracismos, los vecinos de ese núcleo rural, a la vera del río Sella, pudieron ver el final del túnel. Hoy en día, ya nadie se acuerda de los encontronazos de claro tinte localista, pues el cambio ha sido sustancial y parece haber agradado a la inmensa mayoría.
De bien nacidos es aplaudir las buenas actuaciones, sean públicas o privadas, aunque en este caso concreto se centren en la remodelación de la N-625 a su paso por Cañu. Pero aún resta lo más importante con vistas al futuro desarrollo urbanístico de la localidad: lograr cambios en la normativa que les impide edificar a menos de 25 metros de la arista exterior de la propia carretera nacional. Todo un mundo, en cuanto a distancia, para los sufridos vecinos de ese pueblo -lindantes con una vía nacional, por un lado, y con una cuenca fluvial, por el otro- interesados en rehabilitar en condiciones sus propias casas, ganando volumetría -a ser posible-, o en construir viviendas de obra nueva.
Los políticos, con independencia de su ideología, tienen constancia -y de primera mano- de esa honda preocupación vecinal. Tuvieron ocasión de escucharlo en sus recientes visitas a Cañu, desde el último hasta el primero de los concejales de la Corporación municipal de Cangas de Onís, pasando por el regidor, Alfredo García Álvarez (PSOE), y llegando incluso al mismísimo delegado del Gobierno en Asturias, Antonio Trevín Lombán. ¡Qué decir de los operarios y demás subalternos de Fomento! Para la mayoría de ellos, quienes ostentan mando en plaza, deja de ser una novedad esa reivindicación; aunque, para los afectados, sí se trata de un verdadero dolor de cabeza.
Una jaqueca que también padecen vecinos de otros puntos de la misma N-625, en lo concerniente a la comunidad del Principado de Asturias. Resulta bastante difícil de entender los distintos criterios aplicados por el organismo central para autorizar obras de edificación en esos pequeños núcleos atravesados por la carretera de El Pontón. Cierto es que el asunto puede llevarles un tiempo a los «estudiosos» de turno. ¿No es suficiente más de medio año? Tenemos constancia de que las cosas de palacio van despacio, pero lo que no es de recibo es cercenar por una supuesta dilación el desarrollo de una localidad que pide a gritos una revisión de la actual norma de Fomento. ¿A 25 metros? ¡Quién lo diría!
Me viene a la memoria un amigo, residente en Prestín (Parres), al que le salieron canas tras pelear incansablemente por los despachos para conseguir el permiso de un acceso rodado a su propiedad privada. Contaba con el beneplácito del Ayuntamiento parragués para edificar dentro del recinto, pero carecía del «papelín» de Fomento, el más importante, con miras a llevar a cabo una urbanización. Después de hartarse de paciencia, y con la nueva reglamentación que tilda ese lugar de travesía, el ciudadano ha visto resuelta de forma positiva su vieja petición. ¿Por qué no se contemplan los mismos criterios en todas las localidades afectadas por la N-625? Pues ni lo entiendo, ni lo llego a comprender, ¡qué quieren que les diga!