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¿Déficit cultural en Ribadesella?

n Se echa de menos una gestión cultural, infraestructuras y organismos adecuados

 
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¿Déficit cultural en Ribadesella?
¿Déficit cultural en Ribadesella?  

TONI SILVA Pienso que la parte más importante de la gestión cultural de los poderes públicos, especialmente en los lugares donde hay déficit de instalaciones, debe ser la construcción y habilitación de las infraestructuras necesarias para su desarrollo. Paralelamente, creo que el papel de un mandatario de cultura no debe ser el de organizar personalmente las actividades que a él le gustan (o que él pretende que le gusten al ciudadano), sino el de facilitar los medios, las infraestructuras y unas entidades organizativas independientes para que, pensando en la pluralidad de la población, se puedan hacer muchas cosas distintas y no sólo aquellas que les gusten personalmente a los mandatarios de turno.

Ya ha pasado la etapa juvenil de la democracia en la que la inexperiencia en la praxis, el entusiasmo voluntarista y la carga ideológica lo empapaba todo y justificaba los errores de los gobernantes españoles, y hace ya años que este país se ha homologado a Europa en lo bueno (el desarrollo, el dinero, las comunicaciones, la sanidad, ¿la educación?) y en lo malo (el peseterismo de los políticos, la corrupción, el racismo, la telebasura), así que ya es hora de que el progresismo paneuropeo se vaya haciendo realidad en los pueblos y no sea simplemente un adorno demagógico en los mensajes propagandísticos de los «políticos zetapé» de moda, esos neopolíticos adictos a la improvisación, al marketing y a la imagen antes que a la eficacia real de su labor.

No me pierdo. Hablaba antes de la necesidad de una verdadera gestión cultural que impulse las infraestructuras culturales (frente a la política de actos sueltos al gusto del mandatario de turno) y las estructuras organizativas independientes y capacitadas (frente a la figura de un concejal, por ejemplo, organizando personalmente mercadillos, conciertos, certámenes y concursos), y quisiera añadir ahora algo más: lo que me parece realmente progresista no es el contenido más o menos «progresista» de los actos sueltos que se puedan organizar, sino la gestión integral de los recursos culturales, una gestión que cuanto más profesional y capacitada sea, mejor será para una sociedad plural.

Aplicando esta idea a Ribadesella, y limitándome a la época democrática, pienso que nunca ha habido verdadera gestión cultural por los mandatarios locales, pues la fórmula aplicada para abrir y cerrar las puertas de la Casa de Cultura -sin director, gerencia o plan alguno- está lejos de poder llamarse «gestión». En los años ochenta dejaron escapar torpemente la Residencia de la playa, ofrecida gratis al Ayuntamiento y rechazada por éste, a pesar de que la juventud local la reclamaba para Casa de Cultura. En los noventa no supieron actuar para convertir el palacete de los Uría Aza en casa museo de los pintores. Y en los dos mil fueron incapaces de aunar voluntades para adquirir la casa del Escudo e instalar allí una subsede del Museo de Bellas Artes de Asturias. Son tres infraestructuras de primer orden en las que se podría haber sustentado una oferta cultural impresionante, pero no son los únicos ejemplos sangrantes (ahí está el cine, lastimosamente abandonado, o el salón municipal de actos, insuficiente e inadecuado) en una villa donde las autoridades responsables parecen desinteresarse, generación tras generación, de cualquier iniciativa importante en el terreno cultural. Por eso me sorprendió tanto la energía que demostró Ribadesella para exigir el Museo de Tito Bustillo, aunque las actuales autoridades y la propia sociedad riosellana han vuelto a caer en esa apatía que ya denunciaba el periódico «Somos» en los años cincuenta.

Aunque a algunos localistas no les hará gracia, hay que elogiar la labor de la Casa de Cultura de Llanes y de su director, Higinio del Río, que está sabiendo hacer una verdadera gestión allí. Me refiero, por ejemplo, a la estupenda exposición sobre la invasión francesa en aquella villa, un tipo de iniciativa impensable en Ribadesella, donde la «gestión» se reduce a mercadillos, «nueches» variadas y xiringüelu, dicho sea con todos los respetos por la tradición, sobre todo cuando es auténtica.

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