ROSA TRAPIELLO
Finalizamos el verano y con él, la triste visión de las chanclas, los palillos y los bañadores «marcapaquete», porque aunque algunos no se lo crean por nuestro litoral (el cantábrico) ya tenemos invasión de esas indumentarias, algo que parecía era sólo propio del Sur, de los calores y del chiringuito; pues no, aquí en el Norte, donde a la playa la mitad de los días casi tienes que ir de chaqueta, también han aparecido los de la chancla, tipos que se ponen el pantalón corto en junio porque el telediario les dice que llegó el verano y ya no lo quitan hasta octubre, llueva, nieve o haga calor. Lo de ir en chanclas y bañador en aviones, aeropuertos y hasta conduciendo, que cualquiera sabe que determinado calzado puede resultar peligroso para conducir, no importa, porque la satisfacción de ir con el uniforme de verano es superior a los riesgos, es una moda veraniega que, junto con el palillo, ya tenemos que soportar en todos los sitios.
Pero como decía, esto ya toca a su fin y por lo menos empezaremos a ver a tipos de jersey y zapatos, que disimulan lo que hay debajo de esos cuerpos serranos, que la mitad de las veces no están para enseñar.
Pero con la finalización del verano llegan otras cosas, las rutinas, el trabajo y la vida diaria en tu pueblo o ciudad. Vuelves a encontrarte de nuevo, tras dos meses de paréntesis veraniego donde todo se ralentiza; ya que en julio y agosto, en zonas que no son playeras ni turísticas, es como si la ciudad hubiera entrado en paro vegetativo, pero llega septiembre y en cuanto pasan unos días empiezas a ver lo de siempre: las terrazas, las obras inexplicables, las farolas nuevas que son modelo polígono industrial, las baldosas nuevas que sólo con mirarlas te das cuenta de que su porosidad es tan grande que en cuanto les caiga una mancha no se marchará nunca, y te preguntas: ¿con lo fácil que es hacer cosas bonitas empleando el mismo dinero que para hacerlas feas?
Yo creo que todos los ayuntamientos deberían llamar a alguien que les aconsejara sobre estética de ciudad, porque es una pena que pudiendo tener sitios bonitos o farolas bonitas por el mismo precio, tengamos que pensar cuando paseamos por la noche que estamos paseando por un polígono industrial.
Pero ya saben que yo siempre digo que para ver lo que sucede hay que pasear y patear el pueblo en el que vives. Ahora nos esperan, en la cuenca del Caudal, las nuevas «peatonalizaciones», esto va a ser la estrella del otoño, quitar aparcamientos y problemas para los peatones.
Cuando comiencen, les informaré de las novedades que nos esperan; mientras tanto disfruten de las luces de polígono, que igual algún día se ponen de moda y nos vienen a copiar hasta de los EE UU.
A todas y todos, buena suerte.