MARCELINO M. GONZÁLEZ
Es que no están para otra cosa. Aquí unas medias suelas y allí un refuerzo. ¿Sabe usted? Tengo estos zapatos desde hace seis años y no sé qué me da tirarlos. ¿Para cuándo los tengo?, porque es que no me encuentro con otros. Los zapatos, ya muy gastados, tienen unos agujeros tan grandes como las arcas de la economía española. Hace dos años ya los hubiera tirado, pero ahora, con los tiempos que corren, hay que apretarse el cinturón. Por cierto, ¿de paso quiere hacerme un par de agujeros más en éste?, ya me queda flojo. Uno para ya, y el segundo seguro que para dentro de un par de semanas. Dentro de seis meses sujetaré los pantalones con la correa del reloj. Si lo desea, aprovecho y también le hago dos agujeros más a su correa, me dice el zapatero con sorna. Descuide, si llega el caso, usaré una soga? Ya la traigo al cuello, le respondo con idéntica disposición, pero con más mala leche. Y no precisamente para los pantalones.
Como con los zapatos me está pasando con todo. La lavadora, el coche, la tele?, hasta el mechero se me ha quedado sin gas. Pensar que me reía oyendo la canción de mi amigo Jero cuando decía: «Les persianes ya no funcionen, tampoco el calentador, esto ye una tremenda tragedia, fundiose la luz del salón?». Qué ironía, ¿verdad?, siempre dije que la realidad supera a la ficción. Y a mi mujer la tengo martirizada repasando calcetines y calzoncillos. Ya lo decía el Presidente hace tres o cuatro meses: vendrán tiempos difíciles.
¡Qué razón tenía Zapatero! Lo que pasa es que aún no hemos visto que nadie de entre los de la peña gubernamental se haya apretado el cinturón. Tampoco los de enfrente. Lo que sí están haciendo hasta ahora es -como mi zapatero- poner un remiendo aquí y otro allá, y a medida que los remiendos se van cayendo se sacan de la chistera nuevos remiendos. Después del Plan E, que evidentemente tenía fecha de caducidad, el último: «Incremento limitado y temporal de impuestos para las rentas altas». Primero lo anuncia el de Fomento hace dos semanas arguyendo que es un pensamiento en voz alta; una semana después la de Economía piensa, también en voz alta, exactamente lo mismo; y por último llega el baranda bronceado de sus vacaciones lanzaroteñas bendiciendo lo dicho por sus ministros. Como todo lo que inventan éstos que mandan, lo de «limitado y temporal» tiene guasa. Decirles esto a los ciudadanos cuando regresan de vacaciones, cuando se han gastado lo que no está escrito y en casa les espera la Biblia en verso, es como mentar la soga en casa del ahorcado. Tiene cojones la cosa. Limitado, ¿hasta dónde? Temporal, ¿hasta cuándo? ¿Hasta donde y cuando a ellos les salga de los cataplines? Tener una decisión impopular guardada en la manga desde hace tiempo e ir soltándola con cuentagotas, como lo han hecho, denota inseguridad o mala conciencia. O es eso o que aún no tienen ni puñetera idea de qué hacer con la patata caliente que tienen entre manos, si no es calentarla aún más para que no sean los únicos en quemarse. En julio anunciaban que la crisis había tocado fondo y que el paro descendía. Ahora dicen que volverá a aumentar. Hay que joderse.
Duke les sugiere una idea que no es un remiendo: tiren los zapatos a la basura y pongan en subasta la zapatería, quizá llegue alguien, aunque no sea zapatero, que remiende mejor que ustedes. Todos necesitamos un buen arreglo. Y si no, nuevos zapatos.