ALBERTO TORGA Y LLAMEDO
SACERDOTE JUBILADO EN NAVA
El tema de la designación del futuro arzobispo de Oviedo viene siendo tratado con insistencia en estos últimos días por diversos medios de difusión.
Pero lo que más me ha llamado la atención fue haber leído el 6 de septiembre en LA NUEVA ESPAÑA la preocupante noticia de que varios obispos apoyan el retorno a España del nuncio en la India. Pedro López Quintana, para la sede de Oviedo.
Es lamentable que estos obispos enredadores -el cardenal Rouco Varela y el arzobispo castrense, Juan del Río-, en lugar de tratar de encontrar el candidato más idóneo para Asturias anden buscando una diócesis para colocar a un amigo al que deben favores, en un «chalaneo» que debería ser totalmente ajeno a la comunidad cristiana.
El currículum que presenta López Quintana es desaconsejable para venir a nuestra diócesis. Nunca ha sido párroco ni ha tenido una responsabilidad pastoral directa. Después de terminar sus estudios estuvo «enchufado» en el Vaticano, en la Secretaría de Estado, para ejercer posteriormente en diversas misiones diplomáticas en Madagascar y Filipinas y recalar finalmente como nuncio en India y Nepal.
Nombrar a un obispo con este perfil para Asturias sería algo así como encargar de la cirugía cardiaca en un hospital a un médico que se ha formado como pediatra y que ha ejercido como tal durante muchos años.
Lo que necesitamos en Asturias es un pastor, no un diplomático. Un pastor que tenga como primera preocupación restañar la unidad y la fraternidad del presbiterio diocesano, valorando a todos los sacerdotes, tratándoles como hermanos y colaboradores, escuchándolos y haciéndoles partícipes de las iniciativas pastorales, respetando y acogiendo su diversidad. Un pastor que manifieste sensibilidad social, que sepa presentar con realismo la levadura humanizadota del Evangelio, que nos anime a buscar juntos nuevos caminos de evangelización y de transmisión de la fe.
Creo que esas cualidades las encarnan, de alguna manera, los otros dos candidatos de la supuesta terna enviada a Roma: Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, y Juan-José Omella, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño.
También sería como para ponerse a temblar si nos mandaran al obispo de Jaca-Huesca, Jesús Sanz Montes.