JOSÉ LUIS POYAL
La historia cuenta, ahora, que la falta de sentido político del entonces general Eisenhower permitió que fuesen los ejércitos soviéticos los que ocuparan Berlín y que esa victoria se convirtiese en punto de referencia de la guerra fría que se desencadenó de forma inmediata.
Aquello sucedió en 1945.Berlín sería dividido en cuatro sectores bajo control de los aliados y de la entonces URSS. Del enfrentamiento entre los vencedores surgieron la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana, cada una en su respectiva órbita de influencia y ambas en el escenario de contraste de las bondades y maldades de dos sistemas opuestos, la democracia occidental de raíz capitalista y liberal frente a los comunismos totalitarios.
En muy poco tiempo hubo ocasión para evaluar la diferencia de resultados. Desde una mínima referencia personal, recuerdo como escribiendo mis primeras columnas para el periódico de Haro Teglen («Diario de Africa»), relataba como las fábricas de Solingen, comenzaban a servir pedidos y se divulgaba un cartel con la leyenda «Alemania sigue siendo bella y atractiva».
Solamente habían transcurrido cinco años desde el fin de la guerra. En España todavía existía el racionamiento, al igual que en la RDA fiel a los principios de la economía planificada.
El «milagro económico» de la RFA motivó un verdadero éxodo de población, especialmente trabajadores especializados, al Berlín occidental. El régimen comunista, para evitar las fugas, construyó un muro de cinco metros de alto y 120 kilómetros de largo, con alambradas y ametralladoras, separando la ciudad y rodeando completamente el Berlín occidental. En el periodo 1961 a 1989, más de 75.000 personas fueron procesadas por intentar traspasarlo y 191 murieron en el intento.
Todo esto es historia, pero muy ignorada por la ciudadanía más joven. Falta pedagogía para explicar porqué un millón de berlineses, reunidos en la Alexander Platz , bajo el slogan «nosotros somos el pueblo», reclamaron reformas políticas y libertad. La noche del 9 de noviembre de 1989, miles de berlineses se lanzaron a la frontera, desbordaron a la policía y sobrepasaron el muro.
El jurado del Premio Príncipe de Asturias de la Concordia al conceder su galardón a Berlín y sus ciudadanos, destaca el mérito «de los que han sido capaces de construir, sobre las cicatrices de la división, una sociedad abierta, acogedora y creativa».
Afortunadamente de aquel cerco solo quedan algunos restos en el Mauerpark de Berlín y otros de explotación turística. Goethe decía que la vida, como un espejo, no admite reproducciones. Ein Spiegel is das Leben.