JAVIER MORÁN
Una horda de «corredores de bolsa» ha armado una muy gorda en Pozuelo (Madrid), con asalto incluido a una Comisaría. Llamamos «corredores de bolsa» a los participantes en ese botellón que acabó como un Cafarnaún, y lo hacemos porque habrán observado ustedes que las noches cada vez se pueblan más de muchachos que cargan con bolsas de supermercado en las que acarrean grandes envases de refrescos carbonatados y bebidas alcohólicas, y con ello confeccionan el citado «botellón», o cita social al aire libre, a la par que resguardo de los precios de los bares de copas, dicen ellos. Antes, los «corredores de bolsa» eran sólo mañaneros: ese caballero, generalmente jubilado, que echa una mano en casa y baja a por el pan, la fruta y algunos ultramarinos, y corre de un lado para otro, tal vez en busca de las ofertas del día. En cambio, no cabría hablar de «corredoras de bolsa», ya que las mujeres suelen hacer la compra con menos precipitación, pues el varón también acelera para quitarse de encima con rapidez tal servicio doméstico. No se interpreten estas consideraciones como machistas, porque si desean más documentación sobre la materia el Ayuntamiento de Gijón subvencionó hace unos años un estudio de una asociación feminista sobre los comportamientos de la mujer en la compra, y sobre los pesos medios que acarrean, los cuales, evidentemente, les impiden ser corredoras. Por tanto, correr con bolsas es actividad que ha pasado de las mañanas a las noches, y de los mayores a la muchachada, cuyo problema es que ha dejado de beber para acostumbrase a abrevar. Como ahora se habla de suprimir las bolsas de plástico, dentro de un tiempo podríamos verles con carrito camino del «botellón». Entonces sí que serán explosivos, como el de Pozuelo.